Las escabechinas

La sola contemplación de las listas con las que los dos partidos hasta hoy preponderantes en el panorama político nacional se van a presentar a las próximas elecciones generales plantea sin duda al espectador una comprensible disyuntiva. Teniendo en cuenta que no queda en ninguna de las candidaturas prácticamente ni rastro de campañas pasadas, el elector se preguntará o al menos yo me pregunto, si ello obedece a la puesta en marcha de una renovación o responde a una purga. Parece una cuestión de matiz pero personalmente también me quedaría más tranquilo si alguien me explicara a qué se ha debido esta poda sin precedentes. Una operación a la que además han apostado las dos formaciones al mismo tiempo. Casado tan solo ha dejado en pie a Ana Pastor y a Rafael Catalán –algo debe tener la provincia de Pontevedra que los deja vivos- y ha mandado a la calle a personajes notables en la vida reciente del Partido Popular especialmente conectados con el llamado “marianismo” como Soraya Saiz de   Santamaría, Celia Villalobos, Fátima Báñez, Juan Ignacio Zoido o Cristobal Montoro. De cincuenta y dos cabezas de serie solo diez repiten. En definitiva un 77% de renovación para el Congreso y más de un 80 para los parlamentos regionales. Consuelo Álvarez de Toledo por Barcelona al Congreso, Juan José Cortés por Huelva y Teresa Jiménez Becerril por Sevilla son los nombres más llamativos de unas listas en las apenas queda rastro del pasado recién escrito.
En el PSOE, y tomando como referencia el Senado y el Congreso, la escabechina ha sido aún peor y más dura de asimilar para los que se han quedado fuera. Y si bien en el PP el sabor de la catarsis deja poco resquicio a la duda, entre los socialistas se proclama con solo revisar los antecedentes. Sánchez se ha cargado al 80 por cierto de los que ocupaban escaño en la anterior legislatura y su mano ha sido excepcionalmente dura en Andalucía donde ha querido proclamar su humillación y castigo a la derrotada Susana Díaz a la que no parará hasta ver de cuerpo presente. Cuando a Sánchez le pregunten si tiene enemigos responderá, como dicen que lo hizo el general Narváez. “No. Los he fusilado a todos”.
La venganza se sirve fría. Como el gazpacho.