La Italia de diario

La Italia de diario
Sospechan muchos italianos que el día en el que consigan ser regidos por políticos sensatos y alcancen una fórmula de Gobierno madura y estable, el país caerá en desgracia. No es en absoluto un pensamiento descabellado, porque la Italia que conocemos y que es un país relativamente moderno cuya reunificación definitiva –el famoso y romántico “Risorgimento” de Camilo Cavour y Garibaldi- no se produjo hasta 1870. Obtuvo una situación relativamente unitaria tras tres revoluciones, la retirada de los franceses derrotados por Bismarck en Sedán, y la toma de Roma por los ejércitos de la unificación, a tiro limpio y bombazos. Pero la situación irregular y la inestabilidad de las relaciones Iglesia-Estado no se resolvieron buenamente hasta el año 1929 con Mussolini. Los historiadores no otorgan hasta esta última fecha la condición de Italia como nación por completo unificada.
La opinión pública asiste estos días estupefacta a la decimonovena crisis nerviosa de los gobernantes italianos sumidos en una batalla campal. Y se preguntan cómo un país puede evolucionar viviendo las situaciones que vive y padeciendo día tras día y año tras año los sinsabores de un estado excepcional en el que lo realmente extraordinario es un gobierno estable y bien conformado. No existen ya los partidos clásicos porque han sucumbido a situaciones impracticables que han acabado con el Partido Socialista, con el Partido Comunista, con la Democracia Cristiana y con la fórmula parlamentaria clásica de la que, paradójicamente, son inventores sus antepasados los romanos. Hoy, el escenario político italiano vuelve a ser una reyerta copia y repetición de tantas y tantas anteriores que suelen acabar con Gobierno e instituciones volando por los aires. A estas horas, Italia está sin primer ministro porque Giuseppe Conte –representante del Movimiento 5 Estrellas- ha claudicado ante la imposibilidad de mantener el acuerdo con su aliado de la Liga  Norte, vicepresidente y ministro del Interior, el milanés Matteo Salvini, que se está haciendo tristemente más popular estos días en todo el continente que Cristiano Ronaldo estrella de la Juve.
Lo verdaderamente milagroso de toda esta historia es que Italia sigue caminando. Algo debe pesar tener en su territorio el Estado Vaticano.