Un verano movido

Coincidirán conmigo en que este verano ha sido bastante agitado. Además de la incertidumbre politica del país, se han añadido problemas internacionales como Nicaragua, Venezuela y algunos más, sin olvidarse de los problemas migratorios y de la exhumación de los restos de Franco. Y ha vuelto la lamentable lacra de los incendios tanto en España como en Portugal, dejando calcinadas miles de hectáreas y destruyendo la flora, el paisaje y parte de la fauna. Tremendo problema también el de los incendios. ¿Cómo es posible que aún siga habiendo incendiarios que nos creen tanta zozobra? Gravísimo delito que debe ser duramente penado.
En Brasil, con ingredientes de todo tipo, con un Lula que ha pasado de héroe a villano y una Dilma que, junto con su antecesor, merodean por los juzgados y cárcel. Triste situación en aquel país de la samba y los carnavales. 
Y todo ello es lo que crea una crispación social incontrolable dentro de esta cultura actual sin rumbo y caminando en un sin sentido que nunca se sabe por donde va a salir. Vino la crisis económica, fruto logrado de esta cultura pero la cosa se propagó al descubrir que esa crisis era mucho más profunda de lo que se creía y lo grave es que la solución se ve muy lejos si es que existe. Porque se ve que los parches y la línea que están dando los políticos están resultando ineficaces. Tiene que ser otra cosa distinta que dé un vuelco a la sociedad enferma en la que estamos. Y en todo ello está merodeando Argentina con las luchas internas entre Macri y la viuda de Ernesto Kirchner y expresidenta Cristina Fernández.
Bien que me cuesta decir lo anterior porque por naturaleza quiero ser optimista y alegre pero visto el panorama parece imposible. Porque la gente lo que necesita es precisamente un optimismo y alguien que les dé ilusión. Pasan las vacaciones, que son un tiempo para el ocio, y al volver al trabajo normal y encontrarnos con la realidad lo hacemos pensando en que una etapa nueva nos va a incentivar confiando en que esas tremendas lacras sean algo pasado, las cárceles tomen cuenta de los delincuentes y podamos vivir en paz.
Porque de eso se trata, de buscar la paz interior y la felicidad tratando de olvidarse de una realidad que queremos sea algo pasado y tirando del carro nuevamente. En eso confiamos a las puertas de un nuevo curso. Que dejen a un lado las tan reiteradas luchas, los incontables casos de corrupción y confiando en que nazca una nueva etapa distinta y relajante donde podamos vivir sin sobresaltos y marginando tanta agresividad como nos acosa.
Pero personalmente veo sumamente preocupante la situación en Hispanoamérica. Muy graves los enfrentamientos tanto en Venezuela como en Nicaragua e incluso Argentina, fruto sin duda de situaciones que antaño fueron creando un clima que ahora sale con estas consecuencias. Todo tiene una causa, como ya decía Tomás de Aquino hace tantos siglos, y la siembra de décadas lleva a inesperadas cosechas. Sin duda alguna.
Y, por otra parte, comprobamos como la ONU poco o nada puede hacer para paliar, por ejemplo el hambre y la miseria que se adueña en la dictadura venezolana con ciudadanos huyendo cada día para países lejanos. Más o menos sumándose a las ideas de la migración del Mediterráneo convertido por desgracia en el cementerio de África y al socaire también de algunas mafias.
Un panorama sombrío que esperemos se enderece ante un nuevo curso.