La cultura de la guerra

La cultura de la guerra

Cuando uno se asoma a los medios de comunicación cada mañana, al menos a mí, se le retuercen las entrañas al contemplar que en pleno siglo XXI los humanos somos incapaces de entendernos. Los conflictos, las guerras surgen cada día en todas las partes del mundo. Hasta el punto de que podemos afirmar que estamos viviendo la cultura de la guerra con los enfrentamientos armados y la sangre por las calles. Es el momento de hacernos pesimistas ante el futuro. Una situación que estamos dejando a las futuras generaciones preñada de desencuentros. Familias rotas, pueblos víctimas de enfrentamientos politicos y sociales, naciones destrozadas por malas gestiones de sus responsables…todo un cúmulo de cosas de esta cultura guiada por el tener y que desoye las voces de tantos inmigrantes sin techo que mueren en nuestras calles. Es lamentable que entre los miles que llegan de fuera se introduzcan grupo con aviesas intenciones. Es el problema fundamental.
Me llamarán demagogo pero es la realidad de esta nuestra época. Hubo dos guerras mundiales pero esta es sin duda otra encubierta en la que se mezclan, y esto es lo más grave, ideologías políticas e incluso religiosas. La ONU, por lo que se ve, será un organismo muy rimbombante pero para nada sirve en la realidad. Su poder es muy débil, siendo benevolente en el calificativo. La OTAN de muy poco vale a la hora de parar la espiral de violencia. El terrorismo viaja por todas partes… y ahora con toda clase de armas. Uno se pregunta el porqué del terrorismo yihadista cada día más incomprensible. Y la respuesta tal vez radica en que es fruto del caldo de cultivo en el que vive el mundo. 
Por todo ello, y ante esta situación, uno clama por un resurgir del verdadero humanismo por el que han luchado tantos sobre todo desde el Renacimiento. Cuando éste surge en Italia lo hacía con el fin del cultivo de la humanidad en todas sus facetas y así surgieron pintores, escultores, arquitectos, pensadores que fueron capaces de marcar toda una época y los siglos posteriores. Hoy sería necesario volver a aquel espíritu precisamente cuando más medios existen y los avances son cada día mayores. ¿Cómo es posible que los lideres brillen por su ausencia y que a nadie se le ocurra cultivar de una forma plena a la humanidad?
Si repasamos la historia muy posiblemente nos encontremos con que esta época acaso sea de las más sangrientas. Nunca tantas guerras a la vez y de múltiples maneras y estilos. Directas unas pero muchas de ellas encubriéndose en ropajes tenebrosos. El terrorismo sin fin, de momento, tiene a este mundo del siglo XXI con el corazón constreñido y con continuos sobresaltos. Tiene razón el papa Francisco cuando reconoce que “recorrer el camino de la paz no siempre es fácil, pero es la única respuesta auténtica a la violencia”.
Porque lo grave de estos conflictos, a mi modo de ver, es que están creando un clima generalizado de agresividad y desconcierto. Sería imposible de explicar la interminable lista de jóvenes armados que atacan escuelas o centros de todo tipo. Es el fruto de ese clima en el que la muerte violenta, por lo que parece, para algunos es un compañero más de viaje que tenemos que tolerar. Una cultura que está convirtiendo a la paz en una utopía que nunca llega a materializarse. Muy triste porque en el fondo lo que ocurre es que estamos perdiendo humanidad, sentimientos y corazón para convertirnos en autómatas de un puzle que nunca así llegará a ser bello y hermoso.