"Como alcalde vuestro que soy..."

"Como alcalde vuestro que soy..."

Aquí, explicaciones pocas y todos esperando a que nos pongan una fuente con “chorrito” en medio de la plaza en vez del charco maloliente. Discursos, promesas, los que queramos y más, que consiguen obnubilarnos de la realidad. ¡El “chorrito”! Todos recordamos a "Bienvenido Mister Marshall" la comedia antológica de Berlanga de 1953 en la que el entrañable Pepe Isbert, con sordera y todo, y ayudado por Manolo Morán, es el alcalde de Villar del Río (Soria) en un filme rodado en Guadalix de la Sierra (Madrid), donde está en bronce inmortalizado Isbert.
Pues bien, la inolvidable cinta tiene palpitante actualidad. Lo repite varias veces: "Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar; porque yo, como alcalde vuestro que soy, os aseguro que para pagar esto ni un céntimo ha salido de las arcas públicas, porque en las arcas jamás ha habido un céntimo". Genial discurso desde el balcón del ayuntamiento ante el fracaso del paso de los americanos mientras su bandera flotaba río abajo...
Los vecinos hacían cola para pedir a los que iban a venir: un cabezal para la mula, un espejo grande, mapas de colores, dos sacos de abono, una bicicleta, una máquina de coser, un clarinete, un traje con corbata, una vaca… Pepe Isbert, como alcalde, pide ¡"una fuente con “chorrito”! que sustituya al charco del centro de la plaza, una fuente sin vida, aunque iluminada y con pececillos de colores. El “chorrito” es lo importante. Los americanos pasaron de largo sin dejar ni vaca ni “chorrito” ni bicicleta, nin "can que lle ladre". Y Villar el Río se quedó sin fuente con “chorrito”...
Hoy en día, nos siguen echando el mismo discurso desde donde sea y prometiendo cosas que nunca llegan. ¡Lo importante es la ilusión de la fuente con “chorrito”!, con la que seguimos soñando, mientras en este país hay elementos más que de sobra para un sainete o una comedia como la de Berlanga. Miren por donde está pasando algo similar. Todos boquiabiertos a la espera de soluciones pragmáticas, del “chorrito” que nos facilite agua pura y todo aquello que los vecinos del buen pueblo, inocentes ellos, ansiaban. Pasan los días, incluso los meses y esto está, por lo que se ve, muy difícil de solucionar. Seguimos viviendo en la inopia anhelando a un Godot que mucho me temo nunca va a llegar.
Y mientras tanto, vivimos de show día a día con noticias que en nada favorecen más que a la crispación o acaso la sonrisa, murmuración, cotilleo y el humor negro. La violencia de género avanza; los crímenes están muy lejos de cesar; muchos malviven; los refugiados están ahí; la economía tarda en despegar. Falta un Godot, un Plan Marshall que arregle tanto jaleo y desajuste. La corrupción, el juicio complicado de León, el problema catalán, las idas y venidas de los Pujol ("¿son de alguna utilidad?"); aquellos partidos que parecen nunca se han visto en otra y van con chulería y la cabeza levantada que parecen reclamar protagonismo; el presidente que impide que su jugador estrella se desplace todas las semanas a Marruecos, y ahora lo de los títeres, el Zika y las razones de Einstein ¿Falta algo?
Sí: políticos de Estado con visión serena mirando al bien común. Vivimos plagados de mediocridad que también llega a quienes nos dirigen y que parece todos cuentan con unas cuentas bancarias que ya para sí quisieran la inmensa mayoría de los ciudadanos. Se están cargando la clase media, aquella nacida con el 600, y cada día hay más pobres y los ricos lo son millonarios según un reciente estudio. Falta que venga uno y nos dé la explicación de Pepe Isbert. A lo mejor habrá que regalarle una pizarra para que despacito nos lo explique claro, porque de discursos estamos hasta el gorro. Al final tiraremos la bandera al río ahora sin censura...