Políticos y técnicos

Políticos y técnicos
El descrédito creciente de la política y los políticos, especialmente tras las últimas elecciones, vuelve a poner en el tapete la polémica sobre las relaciones entre política y técnica, entre técnica y política. Es, como se sabe, una vieja polémica que trae causa de aquella peculiar propuesta de Platón del gobierno de los filósofos. Hoy, sin embargo, adquiere especial relevancia porque ante una crisis política sin precedentes hay quien piensa que es el momento para un gobierno de técnicos a la espera de que la actividad política recupere el prestigio perdido.
 ¿Son dos mundos separados el de la política y de la técnica? En modo alguno. Es deseable que en el ámbito de la rectoría de los asuntos de interés general se encuentren personas que unan a su compromiso con la mejora de las condiciones de vida de la población, conocimientos básicos sobre el funcionamiento del Estado y sobre las principales cualidades que han de adornar la vida de un responsable público. Estas personas han de saber que existe una dimensión ética fundamental en la vida pública que plantea que el ejercicio de los cargos sea un exigente y continuo esfuerzo por servir objetivamente el interés general. El problema reside en que en algunos casos se eleva a la condición de dirigentes políticos a personas que no tienen los más elementales conocimientos a quienes se exige, única y exclusivamente, hacer todo lo posible, y lo imposible, por la conservación y el mantenimiento del poder. En este ambiente, es lógico, se superan las barreras de lo racional y se actúa sin más propósito y objetivo que el de buscar y conseguir votos por el procedimiento que sea. Cuestión, por cierto, tan antigua como la existencia de la primera democracia en Grecia.
La técnica, el reducto de la racionalidad técnica, el reino del conocimiento, ordinariamente reside en el ámbito de la ejecución, de la implementación, de la materialización de las políticas públicas que el escalón de esta denominación asume ante la ciudadanía. Es decir, el conocimiento de la realidad desde una perspectiva amplia, multidisciplinar, junto a las posibilidades reales del uso de ciertas metodologías, es patrimonio de quienes se han formado para ello. Es lógico que así sea, como es lógico que las relaciones entre técnica y política, entre política y técnica, sean permanentes.
El problema reside cuando desde la política se desprecia la técnica o se concibe la técnica como un obstáculo que impide la realización de las políticas públicas. También vieja cuestión que debe resolverse desde el pensamiento abierto y compatible, no desde los esquemas de confrontación y enfrentamiento tan queridos para las mentes dominadas por la ideología cerrada.
Cuándo los técnicos sustituyen a los políticos es porque la política ha fracasado y es menester durante un plazo de tiempo limitado que las cosas vuelvan a su sitio. En Italia y Grecia, hace algunos años, la política se distanció sobremanera de la realidad y del pueblo provocando una deuda y un déficit que debía atajarse cuando antes. 
Es deseable que políticos y técnicos jueguen cada uno el papel que les corresponde. Los políticos, que se dediquen a la rectoría de los asuntos de interés general de forma razonable y pensando siempre en la mejora de las condiciones de vida de todos los ciudadanos. Los técnicos, proporcionando las mejores metodologías, programas y sistemas para que, efectivamente, en concreto, la vida de los ciudadanos se realice en un contexto de libertad solidaria. Unos y otros, políticos y técnicos, están llamados a convivir, cada uno desde la específica tarea que le compete. Ahora bien, cuándo la política fracasa estrepitosamente, de forma excepcional, se puede convocar a los que saben, durante un período de tiempo prudencial, para que las cosas vuelvan a su sitio. De lo contrario, lo pagarán, y de qué manera, las nuevas generaciones.