Pablo Casado, en La Moncloa (de visita)

Pablo Casado, en La Moncloa (de visita)

Pese a las críticas que le han llovido por entender (los críticos) que suplanta las funciones del jefe del Estado, creo que Pedro Sánchez ha acertado convocado a La Moncloa para este lunes a Pablo Casado y para este martes a Albert Rivera y a Pablo Iglesias. De la 'cumbre' que más espero es de la que se celebrará en primer lugar, entre el presidente del Gobierno y quien todavía ostenta el título de líder de la oposición, el presidente del Partido Popular. Del propio Casado, claro, pero también de Sánchez, dependerá que el primero siga manteniendo los dos títulos.
Seguramente, del verdadero alcance de lo hablado entre Sánchez y Casado no nos enteraremos del todo hasta después de las elecciones municipales y autonómicas cuya campaña 'oficial' comienza el viernes, porque las plazas en juego (Madrid, Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Asturias, amén de municipios importantes) para la derecha o para la izquierda no aconsejan sugerir un pacto entre ambos. Pero ese pacto debería, a mi entender, producirse, y además antes de la investidura, dando un giro radical a la política frentista de bloques que viene dominando, para mal, la escena española en una crisis que dura ya demasiado tiempo.
Casado ha comprobado que su estrategia de extremada hostilidad hacia el Gobierno socialista y su alejamiento de posiciones centradas le ha dado un muy mal resultado en las urnas, como le ha recordado Núñez Feijoo, que es el referente moral del PP. Y creo que, por su parte, Sánchez sabe que sería mejor tener enfrente a un Casado 'reconvertido al centro' que a un Rivera —de Vox ya ni hablamos— que ha repetido hasta la saciedad que es casi una emergencia nacional echar de la Moncloa al actual presidente, sin tener en cuenta que siete millones y medio de votos le quitan la razón en este aserto. Es decir, me parece que a Casado le conviene más tener a Sánchez gobernando en solitario que al frente de un Ejecutivo sustentado por Podemos —con o sin ministerios—, el PNV y Esquerra Republicana de Catalunya. Y Sánchez debe pensar, supongo, que en Casado tendrá un interlocutor más fácil y fiable, quizá hasta más sólido, que con Rivera.
La propuesta del presidente de la patronal, Antonio Garamendi, en el sentido de que PP y Ciudadanos deberían abstenerse en la votación de investidura para dejar que Sánchez gobierne en solitario, aunque ambos partidos ejerzan, claro, de oposición, no debería caer ni en saco roto ni, menos, en el desprecio de quienes, a toda costa, quieren echar a Sánchez y seguir anclados en la política del enfrentamiento.
Creo que Ciudadanos vive un momento de exaltación del propio partido, y difícil será un giro de Rivera hacia posiciones más 'colaboracionistas' con el PSOE, aunque ya veremos lo que ocurre con los resultados autonómicos y locales, que sin duda generarán extraños compañeros de cama. En Podemos apenas encontramos una ambición —lógica, entiendo— por 'pisar moquetas' ministeriales o en la presidencia del Congreso de los Diputados. Donde sea. Ambición que, claro está, gusta poco no solo a la patronal y al Ibex, como, simplificando, dicen los cercanos a Pablo Iglesias, sino también a muchos sectores de centro-izquierda o de la izquierda moderada socialdemócrata.
Así que en las manos de Pablo Casado y de su buen entendimiento con Sánchez dependerá nada menos que el futuro de España en los próximos cuatro años. De ese entendimiento, que no prejuzga, claro, el juego Gobierno-oposición, podemos esperar un reformismo prudente en momentos tan complicados políticamente como los actuales, cuando, para colmo, excesos como los del reglamentismo desaforado de la Junta Electoral acabarán dando bazas al victimismo de un enemigo del Estado como Carles Puigdemont. No se trata de abrir una brecha entre constitucionalistas e independentistas, de la misma manera que sí hay que cerrar el abismo entre 'las derechas' y 'las izquierdas'. Pero es que ocurre que el acuerdo entre quienes creen en una España unida se hace cada día más urgente. ¿O es que no resulta ya demasiado obvio, o es que no se han cometido ya los suficientes errores?