Alea jacta est

Los partidos políticos han terminado la campaña para las generales. Los españoles ya estamos votando para elegir a nuestros representantes al Congreso y al Senado. La sensación de la mayoría es que nos jugamos muchos en estas elecciones. El separatismo catalán sigue con su idea de irse de España, de romperla, hurtando al resto de españoles su derecho a decidir. La economía está en una fase de clara desaceleración en un entorno internacional muy preocupante con varios frentes abiertos. Desde Estados Unidos a China pasando por Argentina, Brasil y la propia Unión Europea. Alemania, Francia, Italia no pasan por su mejor momento. Así que necesitamos un gobierno que no eche leña al fuego. A pesar de que nuestra economía ha salido del procedimiento de déficit excesivo, el gobierno que salga de las urnas, bien ya o más tarde, porque haya sido imposible conseguir la investidura, se encontrará con unas cuentas cuyo déficit supera los 30.000 millones y una deuda pública que roza el 100% del PIB.
También, y de forma muy nítida, en estas elecciones se elige entre dos modelos muy diferenciados para hacer de España una economía fuerte, capaz de bajar el paro a ratios más en línea con los mejores. Hoy, España es el tercer país del mundo con mayor tasa de paro. Tan sólo nos superan Sudáfrica (27,1%) y Grecia (18,5%). Hasta Italia, en clara recesión, tiene 4 puntos menos de paro que nosotros. Así que la tarea es mucha, las recetas también, pero a estas alturas ya sabemos por experiencia las que funcionan y las que no.
Si las políticas que se aplican en esta coyuntura pasan por aumentar los impuestos y el gasto público, tumbar la reforma laboral, subir las cotizaciones a los autónomos, bajar la edad de jubilación y seguir subiendo todas las pensiones con el IPC, la economía acabará entrando en recesión y sin ningún margen de maniobra. Por el contrario, si se bajan los impuestos, se facilita la vida de empresas y autónomos y se recorta todo el gasto público dedicado a subvenciones y demás grasa (más de 30.000 millones), se dará un impulso a la inversión y al empleo. Las empresas podrían subir los salarios y las familias consumir más. Hoy, más que nunca, el futuro está en nuestras manos.