De la mano del alcalde esta problemática llega hoy a Bruselas

De la mano del alcalde esta problemática llega hoy a Bruselas

En periodos electorales los partidos ocultan sus vergüenzas en calculados silencios tácticos. Por esa razón los candidatos del PSOE, especialmente fuera del perímetro catalán, no se refieren a los problemas del Estado tiene en esa parte del territorio nacional. Otro tanto puede decirse de la corrupción entre los candidatos del PP, sabedoras de que esa fue la causa última de su salida del poder y la muerte política de Rajoy.
El adversario siempre se comportará como tal. Así que Casado presentará a Sánchez como un traidor a España. Un componente esencial en el argumentario del PP es airear ante los votantes la presunta claudicación del Gobierno socialista ante las exigencias del separatismo, por mucho que Moncloa se harte de acreditar su compromiso constitucional como límite de sus tratos con los nacionalistas catalanes.
En cuanto al PSOE, principal adversario del PP, prefiere ignorar los antecedentes del partido de Casado en materia de corrupción y concentrar sus pedradas en la crispación. Y en la explotación del miedo a un eventual gobierno de "las tres derechas". Lo cual recuerda aquel famoso "doberman" ideado por el felipismo en las elecciones de 1996, que finalmente vinieron a cancelar el largo reinado socialista.
Veintitrés años después el PSOE reutiliza la metáfora del perro furioso como explotación del miedo a la derecha que puede venir crispante y faltona. En ese sentido, Sánchez ha contado con la inesperada colaboración del propio líder del PP, Pablo Casado, que endosó al aún presidente del Gobierno la preferencia a pactar con quienes tienen las manos "manchadas de sangre" y no con quienes las tienen "pintadas de blanco". Semejante exceso verbal puso en bandeja la réplica de la parte concernida. Le faltó tiempo al ministro Ábalos, coordinador general de la campaña socialista, para declarar que Casado está "inhabilitado para gobernar a los españoles".
Como vemos, el miedo al otro es una constante en la actitud de los principales candidatos. Es como si la campaña para ganar las elecciones consista en impedir que las ganen otros. No solo se refiere a PP y PSOE. El líder de Unidas Podemos, Iglesias Turrión, se pasa el día hablando de la sucesiva desvergüenza de ambos por haber repoblado las cloacas del Estado con ratas programadas contra el partido morado. El mantra de Rivera es la eliminación política de Sánchez por razones de "emergencia nacional". Y el de de Abascal, la flojera de todos los demás frente a la amenazada "unidad de la patria".
Se trata de sembrar el miedo al otro entre los seis millones de millones de españoles indecisos. Así que las propuestas en positivo se pierden en la polvareda, la reyerta vende más que el debate y los problemas reales se aparcan.