Opinión

La bandera es de todos

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La bandera es de todos

Cuenta don Manuel Azaña en "La Velada en Benicarló" que el general Primo de Rivera, "encerrado con sus secuaces en el patio de un castillo arruinado", un día se proclamó heredero de los Reyes Católicos. De esa forma cometía el dictador el pecado de patrimonializar lo que es de todos. En este caso, la historia de los más de cuatro siglos transcurridos hasta las vísperas de nuestra guerra civil, aquella lamentable quiebra de la convivencia entre españoles.

El líder de Vox, cual centauro de la Castellana a lomos de un descapotable, se ha puesto al frente de una patrimonialización tan indebida como la de su quizás admirado general Primo de Rivera. Me refiero al uso de la bandera nacional como arma arrojadiza contra el Gobierno de España, más allá del derecho legítimo a la discrepancia política. Pero Pedro Sánchez ha sido desahuciado en su derecho a reconocerse como un ciudadano más en un símbolo que representa y acoge a todos los españoles.

Hubo un tiempo en el que la enseña nacional se identificó con un régimen político nacido entre las ruinas de una sangrienta guerra civil. Cursaba como emblema visual de los vencedores de media España sobre la otra media. Por eso los vencidos lo vieron (la bandera del "aguilucho", se decía en los medios antifranquistas) como un símbolo faccioso. Ya no fue así con la bandera instituida con el advenimiento de la democracia en 1978. La misma que aceptaron Fraga y Carrillo, Suárez y González.

Es verdad que en el mundo de la izquierda tardó en ser aceptado su uso con normalidad porque, por complejos o por ignorancia, se siguió asociando a la extrema derecha. Hasta el inolvidable gol de Iniesta de julio de 2010. Los españoles de todo pelaje político se hartaron de celebrarlo agitando la bandera sin ningún tipo de prejuicio o reserva mental.

Pudo ser la reconciliación definitiva de los españoles, también los de izquierdas, con su bandera. Pero la ilusión duró poco. Hasta febrero de 2019, con la consabida foto de "las tres derechas" en la plaza de Colón. Entonces volvieron los tics antifranquistas al otro lado de la barricada ideológica. Y ahora, año y medio después, la confiscación de la bandera de España por parte de Vox, en las manifestaciones del pasado fin de semana contra la gestión del Gobierno en la crisis sanitaria, nos ha hecho retroceder a los tiempos anteriores al gol de Iniesta.

Ha vuelto a ocurrir. Los hijos de la ira toman las calles y deshonran a la bandera cuando la asocian a saludos fascistas y gritos de "Sánchez, asesino", que son bárbaras expresiones de odio. Es lo preocupante, porque traslada la confrontación a la calle y desborda los límites de la legítima discrepancia con el Gobierno. Qué le vamos a hacer.

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