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El peso del servicio intangible

Cartas al director

El peso del servicio intangible

El servicio que ofrece me parece excelente pero extremadamente caro. ¿Una hora en su consulta “solo” para exponer mi caso y que usted se dedique a escucharme por 60 euros? No lo acabo de ver claro. Y justo en ese instante, en esa ligera pero crucial apreciación de instinto visual, entra en juego el dilema y viacrucis de la dichosa tangibilidad. Pueda o no pueda verse o tocarse, sea su resultado de enorme tamaño físico o de insignificante aspecto visual, el tiempo de un profesional en la ejecución de su trabajo siempre vale y así se le debe reconocer, su peso en oro.
Bienvenidos pues, al gran caballo de batalla de algunas de las grandes profesiones liberales de todos los tiempos. Es decir, aquellas en las que, por definición, impera por encima de todo el aporte intelectual, el conocimiento y la técnica. Pensar en ellas es relativamente sencillo, acostumbramos a estar rodeados por su presencia y en algún que otro momento todos requerimos de sus servicios. La cosa aún se recrudece y se pone si cabe más peliaguda cuando el resultado o efecto de la intervención por parte del profesional es difícilmente cuantificable puesto que su gestión, a menudo sufrida, atenta y extenuante, se aprecia pero no puede verse ni tocarse ni sentirse literalmente. Parece quedar como suspendida en el aire, se percibe como algo etéreo que flota en el ambiente del despacho pero que es invisible en el estricto sentido físico de la palabra.
Me parece extremadamente curioso que, por ejemplo, se pueda estar dispuesto a acudir al dentista y pasar un mal trago con la boca desencajada, casi humillada ante el esfuerzo y sensiblemente espumosa al salir (eso si es extremadamente tangible) pero con la tarjeta de crédito entre los dientes antes de entrar a sabiendas de lo que hay y las reticencias, injustas y absurdas, a aflojar la mosca para ser escuchados y atendidos por un psicólogo o abogado. En cualquier caso, ya sea por la boca o a través del espíritu, se trata de abrirse en canal y dejarse observar ¿no? ¿Dónde está pues la diferencia?

2020

 Hay un cuadro de Caspar David Friedrich, “Caminante sobre un mar de nubes”, de 1818, que es el fiel reflejo de cómo debemos afrontar el año (y…
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