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TÍTULOS DE LA CIUDAD

Vigo cumple 120 años como ciudad “siempre benéfica”

La solidaridad de los vecinos con los soldados repatriados de Cuba en 1898 le valió el título publicado en un Real Decreto
Los restos de los repatriados de Cuba están enterrados en la zona noble, la seis, de Pereiró.
Los restos de los repatriados de Cuba están enterrados en la zona noble, la seis, de Pereiró.
Vigo cumple 120 años como ciudad “siempre benéfica”

Vigo cumple en diciembre 120 años como ciudad “siempre benéfica”. El Real Decreto del 26 de este mes de 1899 reconoce a la ciudad de Vigo con esa categoría, en reconocimiento de la filantropía y la caridad a los soldados repatriados de la guerra de Cuba. Y tal y como recoge el libro “Vigo, honras, títulos e símbolos” (1986), del entonces cronista de Vigo, Lalo Vázquez Gil, “atendémolos e curámolos pero tamén enterramos a moitos que renderon aquí a súa vida”.
El Instituto de Estudios Vigueses editó varias obras al respecto. Así, Antonio Giráldez, autor de “El año del desastre, 1898” (1998), explica esta distinción por el valor que supuso el recibimiento del pueblo a estos barcos: “Forman parte de las conocidas como expediciones de la muerte, con personal gravemente enfermo, algunos llegaban a puerto ya muertos; padecían enfermedades tropicales y coincidió con el verano, estación con los picos más altos de casos; ante esto la población no entró en pánico”.


Una vez pasada la cuarentena en el lazareto de San Simón, Cruz Roja montó un hospitalillo de sangre en la ciudad. “Hasta allí se acercaban los vecinos para llevarles caldo o vino de Jerez, además como no había plazas suficientes, los acogieron en sus casas hasta que se recuperaron, fue una muestra de gran solidaridad que se elogió con este título”, puntualiza Giráldez.


Con motivo del primer centenario de la distinción, el Instituto de Estudios Vigueses publicó "Siempre benéfica". Cien años de la más hermosa página de solidaridad escrita por los vigueses”, que contiene la conferencia dada por Gerardo González Martín en el Círculo Mercantil el 25 de junio de ese año: “En todas las instancias desde los poderes públicos hasta la cúpula de la Cruz Roja nacional, se elogió el sacrificio de los vigueses que durante más de un mes parece como si no hubiesen vivido para otra cosa que enterrar a los muchos muertos que llegaban, aliviar a las víctimas heridas o a los militares maltrechos”. 


En 2013, el episodio dio el salto al libro gráfico. Evaristo Pereira publicó, también a través del Instituto de Estudios Vigueses. “Sempre benéfica cidade de Vigo. Historia ilustrada dos repatriados da guerra de Cuba e Filipinas. Vigo, 1898”. Cien páginas dedicadas al comportamiento que le valió al pueblo el título otorgado por el rey. “Hay muchos acontecimientos que desconocemos y que no se enseñan en la escuela; estoy orgulloso de mi ciudad y quiero que se valore como merece”, apuntó Pereira, el día de la presentación del libro, sobre un episodio que considera “hay que recordar”.

Otros casos similares
“Vigo siempre fue así de benéfico”, apuntó Vázquez Gil y pone otro ejemplo “para que nadie lo dude”. Así, destacó en “Una tumba para el recuerdo”, la suscripción para atender a los soldados de las guerras carlistas y la postulación para obtener material sanitario.
En este sentido, se hace eco de publicaciones de la época que señalan como “un gentío inmenso corría y se agrupaba hacia el muelle y el malecón o bien hacía el hospital militar, estaba en la calle que luego se llamó Hospital y hoy Inés de Zeta; la filantropía del pueblo redobló sus donativos y nuevos efectos”, tanto en el hospital como en la enfermería provisional que se montó en la rúa Gamboa.
Así atendieron a 130 heridos que llegaron el 3 de mayo de 1874 desde el puerto de Coruña.

La tumba para 154 soldados en un mausoleo de González Pola

 Julio González Pola diseñó el mausoleo que se levanta en la conocida como zona noble del cementerio de Pereiró. El terreno fue cedido gratuitamente por el Ayuntamiento a petición de Cruz Roja, promotora de la obra para recordar a los fallecidos y que costeó con 7.000 pesetas, aportadas por los vecinos.
La lápida central recoge la inscripción “La Cruz Roja de Vigo a los soldados repatriados de Cuba y Filipinas que fallecieron en esta ciudad 1898”. En las otras tres, dispuestas en los laterales, aparecen los 153 nombres de los identificados, al que se suma los restos de un soldado no identificado. Al frente de la tumba hay un cruz decorada con los cuatro cuarteles del escudo. Sobre ella, realizado en bronce representa un soldado moribundo, con una medalla y sosteniendo la bandera.
Lalo Vázquez Gil, en “Una tumba para el recuerdo” (1998) muestra el primer proyecto para el mausoleo, diseñado por el arquitecto Jenaro de Fuente en 1904, pero que fue rechazado porque el coste superaba el presupuesto reunido con tal fin por Cruz Roja. Según el que fue cronista oficial, en junio de 1912 el Boletín Oficial de la Provincia de Pontevedra publicó “la relación de los oficiales, clases y soldados pertenecientes a los Ejércitos de Ultramar que fueron repatrioados a la terminación de las guerras coloniales y se hallan sepultados en la necrópolis de Vigo”.
La tumba aparece adornada con flores y una corona de flores de la Cruz Roja en Todos los Santos. Vázquez Gil apunta  en la publicación dedicada al monumento funerario que “quizá nació el deseo de juntarlos el Día de Difuntos de 1898 durante el acto que se celebró en memoria de todos los difuntos; las tumbas de los repatriados estaban iluminadas con hachas y engalanadas con flores y coronas que el jardinero encargó al Ayuntamiento”.
Cruz Roja había señalado cada tumba con una cruz de hierra y una placa de esmalte con el nombre del fallecido y la fecha de su muerte. La propuesta del mausoleo conjunto surgió, según Vázquez Gil, para que “la dispersión no fuera causa del olvido”.n