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VIGO

Huella viguesa de “El Cascanueces”

Promesas locales del baile, 32 alumnos del conservatorio Coppelia, actuaron ayer en el teatro García Barbón, invitados por la compañía Ballet Imperial Ruso para interpretar a un clásico de su repertorio

Un momento de los ensayos de los alumnos vigueses de danza, que ayer compartieron escenario con bailarines profesionales del Ballet Imperial Ruso en el teatro García Barbón.
Un momento de los ensayos de los alumnos vigueses de danza, que ayer compartieron escenario con bailarines profesionales del Ballet Imperial Ruso en el teatro García Barbón.
Huella viguesa de “El Cascanueces”

 Muchos nervios, ilusión y mucha excitación. Fueron los sentimientos que afloraron ayer en los 32 niños vigueses, con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años, antes de subir al escenario del teatro García Barbón. Eran los invitados por el Ballet Imperial Ruso como grupo de baile en “El Cascanueces”. “No saben qué hacer en los tiempos de espera, no paran”, afirmó una de las responsables del conservatorio Coppelia, que acompañó a sus alumnos. En la comitiva también iban varias madres para ayudar en el vestuario, ya que los mayores tuvieron un cambio de traje.

Fue precisamente las pruebas de vestuario uno de los momentos más intensos de la previa. Tan solo unas horas antes de salir a escena se vistieron la indumentaria del espectáculo: angelitos, ratones, enanitos o cañoneros. “Quedaron muy impresionados por el realismo de los trajes, todo es muy profesional”. El vestuario lo puso la compañía de San Petersburgo, con un amplio armario, donde todos encontraron su tallaje.
Si los más pequeños estaban nerviosos, su profesor, Rubén Velloso, sentía la adrenalina a mil. Totalmente concentrado en coordinar a sus alumnos y trasladar las indicaciones del director de escena, apenas se le vio relajado durante el ensayo.
Primero, subieron los niños solos, para distribuir su colocación en el escenario, de mayor tamaño que el aula. Ensayos por grupos y en conjunto completaron las primera parte de la tarde. Después de merendar, llegó el ensayo general, junto a los profesionales, muy concentrados.
Los nervios solo desaparecieron a las 20.30 horas, cuando se subió el telón y empezó el ballet. Atrás quedaron horas de ensayo y preparación. Todo mereció la pena.n