VIGO

La huella de Déborah sigue viva 17 años después

Vecinos de Alcabre recuerdan 17 años después el lugar de la desaparición de la joven, 100 metros examinados al detalle  PÁGs. 6-7

Un coche de Policía en la zona de Alcabre donde desapareció.
Un coche de Policía en la zona de Alcabre donde desapareció.
La huella de Déborah sigue viva 17 años después

El 30 de abril de 2002, Déborah Fernández-Cervera desaparecía sin dejar rastro cuando regresaba a su casa en la Avenida de Atlántida. Había salido esa tarde a hacer footing con su prima, de la que se despidió en Samil. La última vez que se la vio con vida iba corriendo por la curva del matadero.
“Yo estaba de viaje en esas fechas, pero me acuerdo que cuando volví a Vigo, mi hermana me llamó”, explica una vecina de Samil. “Ella conocía a Déborah de vista, porque salía con frecuencia a caminar. La tarde en la que desapareció, mi hermana y su marido se cruzaron con la joven. Ellos iban andado y ella pasó corriendo, sin más, por donde el Museo del Mar”. Añade, que “no vio ningún coche, ni nada extraño”. Esta mujer repasa con el dueño del restaurante A Muiño do Vento, situado junto al lugar donde se pierde la pista de Déborah, lo que recuerda de aquel entonces.  “Llevamos aquí toda la vida, pero nos enteramos hasta unos días después, cuando se comentó en el bar que había desaparecido una chica, y luego que se había encontrado su cuerpo”, afirma el propietario del establecimiento, quien reconoce que “rumores hubo muchos, pero lo cierto es que nadie sabe qué pasó”.
Ambos confían en que el caso pueda resolverse, “apoyamos a la familia, por supuesto, ojalá se haga justicia”.  De hecho, este establecimiento colocó uno de los carteles pidiendo justicia para Déborah recientemente, pero “no los han arrancado”, lamentaba una de las empleadas mientras retiraba lo que quedaba de dicho cartel.
“¡Claro que me acuerdo de ella¡”, comenta María del Carmen, una vecina de la Avenida de Atlántida que reside al lado de donde vivía entonces la familia de la víctima. “Fueron días terribles, Déborah era un encanto y una niña muy guapa. Tengo la imagen de Rosa, su madre, con la mirada perdida en la ventana”, asegura. En aquel momento, esta mujer relata que “vinieron muchos policías y sobre todo periodistas, no nos dejaban ni salir de casa”. Cuenta como a su hijo le interrogaron, “a él y al resto de niños de la pandilla, porque eran amigos de Déborah, una tragedia lo que pasó, nos impresionó mucho”. Ella cree que “se subió en un coche de alguien conocido” aunque no tiene constancia de que nadie viera hacerlo. En todos estos años, ni una sola pista nueva. “Yo espero que se vuelva a reabrir el caso y que se llegue hasta el culpable”.
En otra cafetería cercana a la casa de la joven, la camarera explica que “fue hace mucho tiempo y yo no estaba pero conozco el tema  porque una amiga vino para pedir que firmáramos y colocamos un cartel, espero que se resuelva”.
Sólo dos años antes de que ocurriera uno de los casos que conmocionó no sólo a la parroquia de Alcabre sino a toda la ciudad, Mariela y Manuel abrían una tienda de alimentación en la misma avenida. “Conocíamos a Rosa, la madre, porque era clienta nuestra. El día que desapareció no nos enteramos, porque era víspera de festivo y fue después cuando nos lo contaron”, explica la pareja. Mariela recuerda que “vinieron los policías y que había mucho revuelo, pero durante todo este tiempo, al margen de rumores, nadie comentó que viera nada”. Ellos también aluden a un coche como otra vecina de un piso anexo, “es lo lógico pensar que tuvo que subirse a un vehículo si apareció tan lejos”, pero tampoco conoce a nadie que la viera subirse a ese coche. “Sé que hubo alguien que se cruzó con ella en la curva del matadero, pero poco más. Parece que ahora buscan a un taxista que dijo haberlo visto, pero  aquí no hay ni nunca hubo parada, quizá estaba haciendo un servicio, no lo sé, la verdad”, comenta la vecina. En lo que sí coincide con el resto es en que debe hacerse justicia, “en su momento, la asociación de vecinos organizó una manifestación,  yo acudí, y sigo apoyando a la familia, hoy por ellos, mañana por mí, es lo que podemos hacer”.n