Deporte general

"Un equipo es emoción, es carácter, es mentalidad"

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DIEGO MARTÍNEZ. Entrenador vigués del Granada, séptimo en la Liga y clasificado para la Liga Europa

"Un equipo es emoción, es carácter, es mentalidad"

A las puertas de su debut continental, el técnico vigués posó junto a la estatua de Zeus raptando a Europa
photo_cameraA las puertas de su debut continental, el técnico vigués posó junto a la estatua de Zeus raptando a Europa

Cuenta la leyenda que Zeus se disfrazó de toro para raptar a la princesa fenicia Europa, de la que se quedó prendado. Hay una escultura que recrea la historia en Samil y junto a ella contó Diego Martínez (Vigo, 1980) la suya, también con una conquista europea -además de unas semifinales de Copa- en su temporada de estreno en Primera con el Granada.Entrenador revelación. Él se ríe y le quita importancia. "Son cosas en las que os fijáis los periodistas", dice en pleno alto de sus vacaciones para charlar largo y tendido de su pasión. Esa que le ha llevado desde el barro a viajar por el continente. Esa que no le impide tener presentes sus orígenes. Esa que ha llamado la atención de todo el fútbol español.

De pequeño veía al Celta por Europa y ahora…
¡No tan pequeño, eh! De niño viví el ascenso de Colin Adisson con los Maté, Hagan, Atilano, Alvelo, Vicente, Lucas… Estaba la zona de O Castro y del Concello absolutamente llena. Tendría yo siete años. 

Entonces, de adolescente. 
Eso sí. Aquel equipo nos dio a probar jamón ibérico. Unas temporadas con un juego y unos resultados espectaculares. Mostovoi, Karpin, Revivo, Berizzo... Ese doble pivote Makelele-Mazinho. Impresionante.

El caso es que ahora serán sus paisanos los que le vean a usted llevar a Vigo por Europa.
Pero es distinto. Aquel equipo estaba consolidado en Primera y nosotros somos unos recién ascendidos. Nos ha cogido todo muy de sorpresa. A principio de temporada nos planteábamos ser competitivos en cada partido, con un 80 o 90% de debutantes en la categoría.

¿Cómo lo afrontan?
Es para disfrutar. Nuestro objetivo es la permanencia. Estaríamos equivocándonos si pensamos en otra cosa. Intentaremos hacer la mejor plantilla posible. Va a ser difícil, sobre todo si salen piezas importantes de nuestra columna vertebral. 

Tocará reinventarse.
Para nosotros es complicado. Tendremos algo más de presupuesto, pero es un poco más. Y las circunstancias sociales son las que son. Nosotros tenemos que ir al mercado por anticipación, como con Luis Milla, o por espera, como con Gonalons el año pasado. Y en ambos casos estamos con el pie cambiado.

Imagino que hay que ofrecer cosas más allá de lo económico.
Cada jugador que venga al Granada debe percibir que todos los que han pasado por aquí han subido su nivel dos peldaños.

Algo tendrá que ver el entrenador.
Todos tenemos que ver. Como equipo técnico, ponemos nuestro granito, creemos en nuestro método y dedicamos mucho tiempo en perfeccionarlo. Pero el punto de partida y de llegada siempre es el jugador. 

Usted siempre habla de disfrutar del camino pero, ¿se ha parado a pensar en que ha dirigido al mejor Granada de la historia?
Pienso en que he tenido la oportunidad de entrenar a un gran grupo de personas que han conseguido ser un muy buen equipo de fútbol. Evidentemente, es algo histórico. Creo que el rendimiento ha sido extraordinario y aún lo seguimos disfrutando. Pero como esto es el reto del día a día, lo que queremos es seguir haciendo historia.

Ya decía un excapitán del Celta que el fútbol es un reafirmar constante.
Pues sí. Pero es que sabemos que, aun manteniendo los mismos jugadores, va a ser difícil repetir los resultados de este año. Si no los puedes mantener, pues imagínate. Pero nadie nos quita ni la ilusión ni todo lo que hemos vivido.

¿Cuál fue la clave de esa vivencia?
Formamos un equipo muy cohesionado, muy camaleónico, que supo jugar diferentes tipos de partido. Y, sobre todo, supimos sobreponernos a muchas bajas de jugadores importantes. 

Tras un éxito de esta dimensión, habrá tenido buenas ofertas.
Granada CF. Nada más. Evidentemente, cuando haces una temporada así, llama la atención y surge el interés de otros clubes. Pero tengo contrato en vigor y soy muy feliz en Granada. Llevo dos años siéndolo en el día a día, algo que en el mundo del entrenador es tremendamente complicado. 
Y como técnico revelación.
Aquí confluyen varias cosas. Que soy el entrenador más joven, que soy debutante y que el equipo con el tercer presupuesto más bajo acaba empatado con el sexto y en Europa. El guion del libro es bonito. Pero al final, lo que realmente me llena es que mis jugadores crean en lo que hacemos. A partir de ahí, los reconocimientos individuales vienen cuando un equipo funciona en mayúsculas. Siempre son 'después de'. Lo saboreamos, pero lo más importante es el equipo y los jugadores, que son los protagonistas de esto.

¿Qué diferencias ha notado entre Primera y Segunda División?
El ritmo de juego, que está muy relacionado con la calidad del pase y el ‘timing’ del desmarque. A lo mejor tienes más espacio pero tienes que ser mucho más preciso en todas las acciones de relación. Luego, que el error se penaliza muchísimo más. Y luego, que necesitas un mínimo de nivel físico para poder competir con continuidad. 

¿Cómo vivió quedarse a un paso de meterse en la final de Copa?
No lo conseguimos, pero fue un día para estar muy orgullosos. Esto es un deporte. A veces el detalle te favorece, otras te perjudica. Pero había que impulsarse en todo lo bueno que nos pasó. Ya no solo futbolísticamente, sino emocionalmente. La ciudad se paralizó. Esa conexión es mucho más importante que el logro deportivo en sí. Quedamos jodidos por no pasar, pero orgullosísimos por lo que habíamos vivido.

¿Cómo levanta al equipo tras eso y luego con el confinamiento?
Este grupo nunca se cayó. El partido más complicado que nos tocó jugar fue el del Levante (1-1), tres días después de la semifinal y aún así tuvimos una de Soldado para ganarlo. Luego vino el confinamiento. Fue una situación muy especial, pero el equipo nunca estuvo en la lona. 

Instinto de supervivencia. 
Es lo que más valoro. Nos han pasado cosas que desmoronarían a cualquiera pero en nosotros han forjado un espíritu combativo ante la adversidad. Un equipo es mucho más que un grupo de jugadores manifestando unas acciones técnico-tácticas. Es emoción, es carácter, es mentalidad. Porque una cosa es hablar de valores y otra no hacerlo y manifestarlos en el terreno de juego. Es algo difícil de explicar, hay que vivirlo en el día a día.
Inténtelo.
Primero, porque tienes unos muy buenos líderes en la caseta. Creen absolutamente en la idea y luchan porque esa flor la reguemos todos los días y entre todos formemos un jardín. Pero, sobre todo, porque hay una metodología de trabajo que se impregna en el día a día y que no solo tiene que ver con los futbolístico, sino también con aspectos mentales y emocionales. 

El Granada ha jugado con diferentes estructuras y matices tácticos. Es lo que usted siempre llama “equipo camaleónico”. 
Todo está condicionado por el tipo de partido y rival y también por la disponibilidad de jugadores que tengas. No es lo mismo tener a Gonalons, Montoro, Fede Vico o a Yangel Herrera y Eteki. No por elección, sino porque eran los que estaban disponibles. Alguna vez -muy pocas- tienes a todos y eso te permite tener diferentes registros. Quizá no tengamos un 10 en ninguna faceta, pero sí un notable en muchas. Eso nos permite poder ser competitivos en todos los minipartidos que se juegan en los 90 minutos. Hay ocasiones en las que el rival va a ser mejor, pero nosotros sabemos que vamos a tener nuestro momento. 
Sin embargo, juegue como juegue, y juegue contra quien juegue, el equipo mantiene su esencia.
Esa idea de querer ver hacia portería contraria -de hecho somos el sexto equipo más goleador- nos hace jugar 'peor' las fases de ataque organizado. Aquí lo complicado es encontrar ese equilibrio. A veces, ser profundo nos perjudica en el juego porque entras en una dinámica de pérdidas. Pero esta es la mentalidad de este equipo y una de sus señas de identidad.

Otra de esas señas de identidad es la presión en bloque alto.
No solo depende de los mecanismos que tú tengas, sino, sobre todo, de los actores. La idea es llevar el partido a situaciones en las que el potencial de nuestros jugadores pueda expresarse. Yangel Herrera, por ejemplo, es un gran recuperador. Si lo expusiéramos a otro tipo de escenarios diferentes, posiblemente no habría hecho este gran año. Es algo que nos gusta. Y encima, si lo hacemos con diferentes dibujos, se lo pones muy complicado a los rivales.

La impresión es que, en el fútbol moderno, es clave todo lo que sucede en los mometos que la pelota está en transición.
Todo es importante. En los últimos años ha habido un modelo de transición muy importante, que es el del Liverpool y...

Aunque el Liverpool te somete también con ataque de posición.
Sí, este último año sí. Y eso es algo muy interesante también. Ver cómo los equipos van añadiendo registros gracias a una estabilidad y a una confianza en el entrenador. En este caso, sorprende la inversión económica que el club hizo por Van Dijk, pero era lo que necesitaba para su equipo. Por eso ha habido una evolución y no tiene nada que ver el equipo de los primeros años de Klopp con el de ahora. No solo es lo que tú quieras hacer y los jugadores de los que dispongas. También que los rivales te conocen y te plantean cosas distintas, sin espacio a su espalda. Es ahí donde tienes que encontrar otras soluciones. Es lo bonito de esto.

Es el juego.
¡Eso es! ¿Se tiende a un modelo de transiciones? Pues depende. Porque en el momento que el City gane, que lo hará, podrá invertirse la tendencia.Por eso no me gusta sacar lecturas generalizadas.

Todo es cíclico. También el fútbol. Pero la impresión es que hoy en día es más difícil ser dominador con juego de posición.
En cualquier propuesta hay errores. Por seguir con el Liverpool, cuando tenía más marcada su dinámica de transiciones, el número de pérdidas era mayor. Seguro. A veces es difícil elegir cuándo hay que batir línea o cuándo hay que hacer ese pase horizontal, que ralentice el juego pero que, a la vez, dé otras opciones. 

Le ha costado tener  el reconocimiento de su ciudad pero ha llegado. ¿Qué siente al llevar el nombre de Vigo por Primera División y ahora por Europa?
Me gusta presumir de vigués y de gallego. Soy feliz por venir cada verano. Igual este año la gente te reconoce más y es normal porque es Primera División. Pero realmente es como siempre. Paro en los mismos sitios, veo a las mismas personas y me hacen sentir muy bien. Esta vez quizá un poco más especial por la pandemia. Tenía muchas ganas de ver a la familia y no sabíamos si podríamos venir. Mi relación con la ciudad es la de estar con mi gente, mi refugio y mi felicidad. 

"Hay algo que le compraría al Celta: estar 9 años en Primera"

Hay dos Diegos Martínez cuando se le pregunta por el Celta. Uno es el aficionado, que se retrotrae a su niñez, cuando disfrutó de ascensos y clasificaciones europeas y sufrió con descensos y la derrota en la final de la Copa del Rey del 94, que vivió en directo en el Vicente Calderón. El otro es el entrenador de Primera División, que guarda una cautelosa prudencia a la hora de opinar de un equipo que no es el suyo como profesional, aunque la procesión vaya por dentro. 

Antes hablaba de perfiles específicos para las necesidades de los equipos. Uno que quiere Óscar García Junyent para el Celta es el de un extremo que dé amplitud por fuera, además de desequilibrio . ¿Responde Álvaro Vadillo a esa definición?
Es un jugador desequilibrante, de uno contra uno y que tiene mucho talento. Para nosotros fue muy importante en los dos años que lo tuvimos. Es un jugador diferente y que creo que va a ayudar mucho al Celta.  

También hacía referencia a la identidad de los equipos. Parece que al Celta le está costando encontrar la suya desde el verano del año 2017.
Pero es una plantilla con muchísimo talento. Como consiga armonizarlo e incorporar al perfil de jugador que le permita completarse, va a ser un muy buen equipo de fútbol. 

Hay jugadores como Iago Aspas, que parecen estar por encima de las consideraciones colectivas.
Es muy difícil lo que hace temporada a temporada. Esta, con su récord de minutos en Liga. Sobre todo, después del confinamiento, que estábamos todos reventados. Tiene mucho mérito. 
¿Qué es lo que más destaca de esta difícil temporada en clave celeste?
Hay una cosa muy clara que le compraría al Celta ahora mismo: estar nueve años seguidos en Primera. Ojalá mi equipo sea capaz de llegar a conseguirlo.
Viéndolo con perspectiva, esa continuidad entre los mejores es algo que tiene  valor.
En Primera División, todos los equipos acaparan talento. Desde el primero, que tiene muchísimo, hasta al último. Y de hecho, está la curiosidad de uno de los descendidos: el Leganés. Se quedó sin sus dos delanteros. Uno al Sevilla en enero y otro al Barcelona en febrero. Y ahí estuvo hasta el final. Es una cosa impresionante, que habla de la competitividad de la Liga. De la dificultad de la Primera División.

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