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Marcos Muñiz posa en la playa de O Vao con la camiseta de la final de la Copa del Rey.
photo_cameraMarcos Muñiz posa en la playa de O Vao con la camiseta de la final de la Copa del Rey.

El vigués Marcos Muñiz disputó y perdió en el descuento la final de Copa en su segunda temporada en el Barcelona 

Marcos Muñiz (Vigo, 30 junio de 1992) viste de blaugrana. El pilar formado en el Universidade de Vigo optó hace dos campañas por emprender la aventura en División de Honor con el F.C. Barcelona y esta temporada acarició un título. Perdió la final de la Copa del Rey ante el Alcobendas por un único punto (23-24) y tras encajar el ensayo de la derrota en el octavo minuto de la prolongación. "Estuvimos a punto de caramelo. Fastidio bastante no ganar, pero nos gustó lo previo. El esfuerzo hecho nos gustó y fue un buen partido", rememora el primera línea. 
Como sucede en muchas ocasiones, el conjunto barcelonés llegó con ventaja a los últimos minutos y el partido entró en un ataque constante de su oponente. Se sucedieron las melés, una tras otra, a menos de cinco metros de la zona de marca. "En una final aparecen los nervios y es complicado aguantar ahí. Fueron más de veinte minutos de mucho sufrimiento. Yo salí en el tramo final y estuve unos veinticinco minutos en el campo porque creo que hubo diez de prolongación. Creo que hicimos unas veinte melés, me parecieron ocho mil porque fueron matadoras. Entré de 1, después le sacaron amarilla al 3 y tuve que cambiar de lado. Muy duro, muy duro", explica el vigués. Precisamente, Muñiz matiza que "igual era el que estaba mejor porque era el más fresco. El talonador y el otro pilar ya llevaban todo el partido y estaban muy tocados. A mi parecer, le sacaron la amarilla a nuestro 3, pero la siguiente melé se volvió a caer por el mismo lado... ¿La culpa era del nuestro o del pilar del rival? Lo dejo en el aire. Son situaciones complicadas". 
A pesar del final amargo del torneo copero, el pilar aclara que la campaña resultó positiva porque "nos dimos cuenta de que, con un equipo mixto de profesionales y amateurs, podemos llegar a una final, casi ganar y entrar en play-offs. Con ambición, todo se puede. Lo que creo es que después de la Copa bajamos un poco la ambición y en las eliminatorias de liga se nos fue de las manos". Y, entre todos los momentos, destaca que "comenzamos con una victoria al Quesos Entrepinares en la segunda jornada de liga. Además, ganamos en el Pepe Rojo, que es algo que no había conseguido en mi vida". 
Toda una declaración de intenciones para el Barcelona que alcanzó la final de Copa y terminó la liga regular en la sexta posición. Muñiz es uno de los amateur del conjunto catalán y, habitualmente, ejerce de pilar de refresco en la escuadra catalana, aunque también tiene sus oportunidades como titular. En relación a esto, indica que "ahora vivo con dos amigos de toda la vida, de Vigo, que se vinieron a Barcelona. Mucha gente se muda aquí para trabajar, hay un montón de gallegos.  Siempre los invito a los partidos. Les digo que, al menos, se vengan a los diez últimos minutos y al tercer tiempo para que se animen. Alguna vez aparecen, sí. Sobre todo si les digo que salgo de titular. Si empiezo en el banquillo, me dicen: no nos vale la pena ir, que igual no juegas. Pero bueno, en rugby, en la primera línea siempre caen unos minutos. Si no cambian a los pilares durante un partido, es una putada. Tanto para mí, como para el compañero de primera línea que tiene que jugar todo". 
Porque la posición que ocupa el jugador vigués es una de esas específicas, duras y, en muchos momentos, poco gratificante. En especial, en días de lluvia cuando muchas de las melés terminan con medio cuerpo metido en el barro. "Es obligatorio llevar tres cambios en la primera línea y me parece normal porque el desgaste es muy grande. Cuando tengo que jugar un partido entero... Es muy duro. Al terminar, te quieres morir", describe Marcos Muñiz. Y también añade que "el cuerpo siempre duele. En el primer partido de liga, que vienes de la pretemporada, te duele durante dos o tres días porque no tienes esa costumbre. Después, el lunes siempre es muy duro, el martes te vas recuperando y el miércoles estás bien. Eso sí, si tienes algo más grave, alguna lesión, te enteras pronto".
La traducción es que los pilares acostumbran el cuerpo a sostener los golpes a base de repetición de contusiones. El cuello se acorta con los años hasta desaparecer entre los hombros y la cabeza y los brazos adquieren un poco más de musculación temporada tras temporada. Una vida de gimnasio, pero que cada día exige más ritmo y movilidad en el campo. De hecho, las carreras de Marcos Muñiz eran conocidas en As Lagoas y, de vez en cuando, también aparecen en Barcelona. 
El vigués explica que "en Barcelona estoy bien. Me preparé para mecánico y ahora estoy trabajando de ello y es lo que me gusta. Además, estoy jugando al rugby, que también es lo que quiero, y en División de Honor. Realmente estoy muy bien, contento". 
Por lo tanto, Muñiz seguirá a orillas del Mediterráneo, con su empleo y con la camiseta blaugrana. Una diferente a la de pasada campaña porque la actual "está pendiente de enmarcar. Es la primera que voy a retirar porque, además, tiene el detalle de poseer serigrafiado el emblema de final de Copa. Que fue un poco tontería porque era la camiseta de todo el año, pero se lo pusieron y quedó perfecto".
Eso sí, lo que no descuidada es seguir la actualidad del Universidade de Vigo: "Los voy a seguir siempre. En la promoción, pillé el coche y fui hasta Vitoria a ver el partido. No les salió bien, pero con ellos fue fenomenal. Los vi como siempre, un equipo unido y muy divertido. Eso siempre lo son". Su ex equipo finalmente salvará la categoría al crearse una liga sub-23. Un poco de alegría para Muñiz.n

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