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Cuando Judas Priest pudieron acabar en la cárcel

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Cuando Judas Priest pudieron acabar en la cárcel

Dos de los miembros de Judas Priest, grupo que fue acusado en 1990 de incitación al suicidio.
photo_cameraDos de los miembros de Judas Priest, grupo que fue acusado en 1990 de incitación al suicidio.

En las pasadas semanas se conmemoró en varios medios de la prensa musical especializada en rock duro, dentro de ese recuerdo del que también nos hicimos eco en estos Papeles de rock de los 40 años de la explosión de la New Wave Of British Heavy Metal, del aniversario de la edición en abril de 1980 del disco con el que Judas Priest dieron el salto definitivo a la popularidad masiva, "British Steel". Diez años más tarde, tuvieron que enfrentarse a un desafortunadísimo episodio que pudo haber si no terminado con la historia de la banda, sí haber comprometido seriamente su futuro y haber sentado una gravísimo precedente que podría haber derivado en una persecución judicial y mediática contra el heavy metal de imprevisibles consecuencias. 

A lo largo de los años 80 en Estados Unidos el heavy metal se había convertido en un estilo de música y una forma de expresión de los jóvenes norteamericanos que era considerada peligrosa por determinados sectores de la sociedad estadounidense, en especial por aquellos a los se consideraba más próximos a lo que se llamaba “la nueva mayoría moral” que llegó con el triunfo electoral de Ronald Reagan. Hubo hasta senadores y congresistas, la más destacada posiblemente Tipper Gore, esposa del que fuera en 2000 candidato a la presidencia de Estados Unidos Al Gore, que aprobaron leyes en determinados estados que obligaban a poner etiquetas de “aviso a los padres” en las portadas de los discos que consideraban que podían contener letras o mensajes que hablase explícitamente de sexo o que incluyeran palabras consideradas “malsonantes”. Y músicos como Blackie Lawless de W.A.S.P u Ozzy Osbourne fueron investigados por el F.B.I. 

El caso más impactante de esta controversia tuvo lugar en el verano de 1990, cuando Judas Priest fueron demandados judicialmente y acusados por un tribunal del delito de incitación al suicidio. Cinco años antes, el 23 de diciembre de 1985, James Vance, de 20 años, y Raymond Belknap, de 18 años, que vivían en Sparks, Nevada, fueron a un patio de recreo en una iglesia local y se dispararon a quemarropa con una escopeta. Belknap murió instantáneamente, mientras que Vance sobrevivió durante otros tres años, antes de morir por las complicaciones causadas por sus heridas. 

¿Qué tenía que ver todo esto con Judas Priest? La acusación intentó demostrar que esos dos pobres desgraciados, que el día que se mataron el uno al otro habían bebido gran cantidad de alcohol y habían fumado marihuana en abundancia, habían estado escuchando un álbum de Judas Priest, "Stained Class", y la combinación de todo ello fue lo que les llevó finalmente a su pacto suicida, en tanto que las familias de los dos muchachos alegaron que las canciones de ese disco del grupo contenían mensajes subliminales que incitaban al suicidio. Luego Judas Priest, como cooperadores necesarios, eran en opinión del fiscal, responsables de las dos muertes. 
La teoría de los mensajes subliminales introducidas en las canciones de rock,  bien de incitación al suicidio, de adoración del diablo o del disparate más increíble que se pueda imaginar, a esas alturas no era nueva en el mundo de la música. Ya desde los años 60, los Beatles fueron acusados de blasfemia cuando John Lennon dijo que eran más famosos que Jesucristo, mientras que los Rolling Stones tuvieron que soportar acusaciones de satanismo por su “Sympathy For The Devil” de 1968. De Led Zeppelin se dijo que cuando se escuchaba su canción “Stairway To Heaven” al revés, se podían escuchar oraciones satánicas en latín, de Kiss se afirmó que su nombre era el acrónimo de Kings In Satan Service, en castellano “Reyes al servicio de Satán” y Ozzy Osbourne fue acusado de incitar al suicidio por su canción “Suicide Solution”. Pero esta vez, era la primera en que una polémica así llegaba a un tribunal, con la posibilidad de una sentencia condenatoria. 

Se dijo que esto resultaba obvio en la canción “Better By You, Better Than Me”, donde al ser escuchada al revés los mensajes ocultos decían "¡Matémonos!" y "¡Hazlo!” siendo estas frases la prueba fundamental que se esgrimió para intentar condenar a Judas Priest. Toda vez que se admitió a trámite la demanda, tanto la banda como el sello discográfico CBS fueron citados para sentarse en el banquillo de los acusados en el Tribunal de Distrito del Condado de Washoe el 16 de julio de 1990.

En su defensa, el guitarrista Glenn Tipton dijo: "Es un hecho que si tocas la canción al revés, algo de esto pudiera tener sentido. Así que pedí permiso para ir a un estudio y encontrar algunas tretas fonéticas perfectamente inocentes. Los abogados no querían hacerlo, pero insistí. Compramos una copia del álbum "Stained Class"en una tienda de discos local, fuimos al estudio, lo grabamos en cinta, y lo reproducimos al revés. Inmediatamente encontramos frases que se podían entender como "Hey mamá, mi silla está rota" o "Dame una menta" o "Ayúdame a mantener mi trabajo".

"Aquello era como una pesadilla surrealista", comentó Rob Halford sobre el juicio. “No teníamos ni idea de qué era un mensaje subliminal: era solo una combinación de algunos sonidos extraños de guitarra y vocablos sin sentido alguno. Tuve que cantar “Better By You, Better Than Me” en la corte, a cappella y creo que en ese momento fue cuando el juez pensó: “¿Qué estoy haciendo aquí? Ninguna banda se esfuerza por matar a sus fans".  

Al final, el juez estuvo de acuerdo en que había mensajes subliminales, pero estos eran "solamente discernibles después de que su ubicación había sido identificada y después de que los sonidos fueran aislados y amplificados. Los sonidos no serían discernibles conscientemente para el oyente ordinario en condiciones normales de audición", según se sustanció en la sentencia, que fue absolutoria.
El caso contra Judas Priest y CBS se saldó con un veredicto de inocencia. Pero si el fallo del tribunal hubiera sido contrario, habría abierto un precedente funesto, que podría haber llevado a centenares de bandas de heavy metal a no poder firmar nunca un contrato discográfico ni a tocar en directo, la prohibición de reproducir en radio o televisión miles de canciones y video-clips y un escenario de censura en portadas de discos, letras, actuaciones, etc. que podrían haber llevado al rock a un estado próximo a la extinción. 
Celebremos que hace ahora 30 años, el sentido común se sobrepuso a la estupidez.

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