Atlántico

QUERIDA CUÑADA

Llegó el día de la despedida. Me hubiera gustado que la última vez que te vi hubiera sido tomando un café y contándonos cómo nos va la vida, pero no ha podido ser, porque por desgracia siempre dejamos para mañana las cosas más importantes. La última vez que hablé contigo me decías con tu risa contagiosa que ahora te había caído otra enfermedad, mientras me animabas tú a mí, a pesar de lo que tenías encima.
Has sido una heroína y una madre coraje (pero de las de verdad no de las que van vendiéndose como tal para luego pasar por caja). Siempre has sido una luchadora. Has ganado mil y una batallas a todo lo que vida te ha puesto por delante, que no ha sido poco. Te has puesto el mundo por montera sacando tú sola a tu hijo adelante, con la inestimable ayuda de tus padres. Pero después de un tiempo intentado sobrevivir tu alma no ha podido y ha decidido irse. Me hubiera gustado decirte una vez más todo lo que significabas para mí y para mi familia, pero no creo que hiciera falta porque tú ya lo sabías. Sabías que eras muy especial para nosotros. Para nosotros no había fiesta ni celebración sin la presencia de nuestra cuñada que ya era, sin el casi, como una hermana. Pienso que la vida no ha sido muy justa y que en el reparto se había descompensado contigo (nunca entendí por qué siempre se ceba con los buenos).
Querida Nuria, hoy te quiero regalar un trocito de una estrella que te acompañe, para que tú me la devuelvas el día que nos volvamos a encontrar, donde quiera que sea ese lugar. A donde te hayas ido recuerda que siempre fuiste y serás ese gran astro para todos los que te recordaremos siempre.
Hasta siempre querida cuñada, nunca te vamos a olvidar.