Cuando nadie les ve

Cuando nadie les ve

En este mundo feroz, pocas personas podrán merecer el calificativo de auténticas, consecuentes consigo mismas, que se muestran tal y como son en cualquier momento y situación. Aún a riesgo de ser antipáticas. Los lobos con piel de cordero son una especie bastante común entre los humanos, que suelen tener al menos dos caras. 
La cara amable es la que se muestra en público, la que quiere ser carta de presentación y base de la reputación personal y profesional. La otra es la que se esconde, para salir sin complejos cuando nadie le ve o ser a veces descubierta sin querer para vergüenza propia y ajena. Estos días se ha descubierto que la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT) –financiada por marcas automovilísticas de reputado prestigio como Volswagen o BMW- encargó unas pruebas a un laboratorio que utilizaba monos para hacer experimentos sobre gases de motores diésel. Exponían a los pobres simios a los gases de combustión durante horas, llegando a introducirles incluso endoscopios especiales por la nariz o la boca hasta los bronquios con el fin de demostrar que las emisiones de los nuevos diésel no eran tan nocivas para la salud.
Tal vez por el hecho de que ninguno de los monos manifestó expresamente ninguna observación oralmente o por escrito, se dio un paso más realizando también similares pruebas en humanos con el mismo propósito, asegurando la EUGT que las marcas de automóviles conocían dichos experimentos y no pusieron ninguna objeción. Desconozco las conclusiones de dicho estudio, pero los malos humos surgieron una vez descubierto el pastel. Por supuesto, ello ha supuesto el cese inmediato de un alto ejecutivo –que a ser posible será el único responsable- las disculpas institucionales debidas y la apelación, más o menos directa, a continuar confiando en la sobriedad y el prestigio de la marca. A confiar en la cara amable y olvidar lo que sucede cuando nadie les ve.
Porque también, cuando nadie les ve, los responsables y organizadores del circo de la Fórmula 1 disfrutan con el atractivo y los réditos que le proporcionan la presencia de las “grid girls” o azafatas, sin cuestionarse ni por un momento la posibilidad de que se estuviera produciendo una exhibición contraria a la igualdad de género y utilizando a la mujer como mero objeto. Qué bonitas son y que bien lucen sobre la pista, siempre sonriendo y ligeras de ropa ajustada, dando sombra a los automovilistas y todas cortadas por un mismo patrón. Pero si les preguntan en público tratarán de ser políticamente correctos aludiendo -como mucho- a la tradición y al glamour que se perdería sin su presencia y al respeto que les merecen las mujeres y su apuesta decidida por el derecho a la igualdad. 
Creo que no es tan fácil encontrar gente congruente y con una única cara y siempre es especial encontrar a personas así, porque para bien o para mal, sabes a qué atenerte. Los demás, tratarán de mostrar su mejor lado, pero no debe extrañarnos encontrar un día a la amable ancianita que pasea cada día su perrito, animándole a cagar en nuestro portal, especialmente muy temprano o muy tarde, cuando nadie le ve. O a Puigdemont abriéndose el pecho en confesiones lastimeras, víctima de su cruzada por el bien supremo de Cataluña, mientras da fianza y señal por un chalecito de quinientos metros útiles, mil metros de jardín y cinco mil euros al mes. “El hombre: un milímetro por encima del mono, cuando no un centímetro por debajo del cerdo (Pío Baroja).”