La polémica inexistente

La polémica inexistente

Remover los restos del general Franco enterrados bajo una losa de dos toneladas de peso en la basílica de Cuelgamuros parece irremisible. De nada va a valer esgrimir determinados argumentos que aconsejan en su conjunto dejar en paz a los muertos incluso aquellos que han tenido serios problemas con la paz como le pasó al general, porque la muerte comienza el último día de nuestra vida y tiene la dudosa virtud de igualarnos a todos.
En todo caso, y a sabiendas de que la polémica es cosa inútil aunque podamos tratar de prolongarla artificialmente conociendo que el cambio de enterramiento está firmado y se producirá por encima de cualquier suerte de debate, no creo que resulte estéril plantear un aspecto de este nuevo episodio de la difícil reconciliación de los españoles que, en mi opinión, tiene más trascendencia que el mero hecho de desenterrar los restos del dictador para llevárselos a una tumba distinta a la que ocupa. Ese aspecto no es otro que la aceptación de la propia figura de Franco como parte de nuestra Historia. La tarea de afrontar una reinterpretación de esa Historia ha sido una constante entre nosotros, y no hemos sido capaces de proponernos llevarla a cabo con serenidad y rigor. Para nuestra vergüenza, los únicos que durante mucho tiempo han sido capaces de contar con propiedad los hechos ocurridos durante la II República y la Guerra Civil han sido los británicos, y a ellos debemos haber podido enterarnos de algo de  aquellos trágicos periodos. 
La izquierda se ha empeñado como respuesta a la manipulación que antaño llevó a cabo de los hechos históricos la propia administración franquista en una inservible e infructuosa reinterpretación de la Historia, una circunstancia que ha tenido especial influencia en un reciente periodo de nuestro cine que se pobló de películas sobre  nuestra contienda en las que el protagonismo lo ostentaba en exclusiva el ejército republicano. Pero sobre todo, el empeño ha sido el de negar la presencia de Franco en el contexto histórico. Para nuestra suerte o nuestra desgracia, Franco estuvo en ella y tratar de negarlo o sepultarlo además de un ejercicio ridículo no sirve de nada.
Los huesos de Franco serán removidos y a lo mejor existe razones para ello. Pero también las hay para que le dejen donde estaba.