Robo científico-famélico

Robo científico-famélico

Pues, dilecta leyente, la supongo informada de ese “sucedido” de la sustracción de 10 kilos de berberechos de una batea en Vilagarcía. Lo cual, en principio, parecería un hurto famélico en estos días tan señalados, en que los choros, no obstante, han tenido la deferencia de dirigir sus zarpazos al más humilde de los moluscos, cuyo beneficio no alcanzaría en el mercado los 40 euros, según los perjudicados.
El hecho es que esos berberechos eran parte de un estudio científico que se ve seriamente perjudicado. A mí me recuerda a aquel otro sucedido del que se comió una culebra que encontró  en el monte y le cayó una multa de agárrate y no te menees.  A lo que el andoba alegaba ignorancia de que fuese especie protegida y que, si tuviera la pasta que ahora le exigen,  a buenas horas se iba a comer el repugnante bicho.
Arrobada por estas fechas navideñas, la sociedad se encuentra ante el dilema de “indultar” al bandarra o mandarlo a galeras por haber frustrado una investigación que hubiera reportado pingües beneficios, al menos a la economía y a la ciencia gallega.
De una parte, la ganancia del caco es pírrica y usted, dilecta, se pregunta qué pasaría si el malandrín hubiera dejado en el lugar del crimen el valor material de la mercancía. Tal vez entonces se considerase que no existió ánimo de lucro y por ello  desaparecería el delito contra el patrimonio (vendría a ser como una “expropiación” por razones sociales). En cualquier caso, como al parecer tampoco ha “roto” nada ni ha acongojado a “ninguén”, vendría a ser como la antigua falta, reconvertida en delito leve. Por otra parte se dice que la batea tenía vigilancia. Si dicha labor de protección se debiera a que la manipulación genética del berberecho, en experimentación para crear una especie resistente al mortal parásito de  la marteilia, lo hiciese eventualmente inadecuado para el consumo humano y les trajera alguna enfermedad a los rateros glotones, éstos, tal vez, encima, podrían demandar a la empresa por no tener un cartel anunciador del peligro. Pero esperemos que no sea así (no hay ninguna razón para que sea así) y los “robaberberechos” hayan podido hacer una buena paella familiar, mientras los científicos jurarán en arameo por el perjuicio tan enorme que la paella le ha causado a la investigación. Lo dicho: Hurto científico-famélico.
Pero no conviene tomar a chirigota las sustracciones en explotaciones agroalimentarias, pues la reforma del Código Penal del 2.015 se pone serio con estos hurtos, tanto de productos agrarios y ganaderos en el campo como de los rapiñados en bateas, agravando, asimismo, tanto la receptación para el adquirente del molusco como la multirreincidencia del waltrapas.