Atraco a unos marcianos

Atraco a unos marcianos

No, dilecta leyente, disculpe el gazapo malintencionado. El título del artículo debería ser, en todo caso: “Atraco a unos murcianos”, aunque el equívoco se puede deber a que el hecho tiene algo de película de animación o fantasía. Por ello reconozco algo de “confucionismo” al tener algo que ver las víctimas con Confucio y tratarse, el autor de los robos, de un Superman con casco de bicicleta.
La supongo informada del caso en que un andoba, disfrazado de Superman atracó dos bazares regentados por chinos, provisto de una escopeta de cañones paralelos, exigiéndoles con amenazas la entrega, no del yuan, sino del euro, de las respectivas cajas registradoras. En medio del robo, un crío que no debía tener claro qué hacía su héroe favorito en aquel desaguisado, le preguntó al manguta si el arma era real, quizá porque el Super no aparecía en las escenas de las películas con armas de fuego y además luchaba contra los malos; salvo que le hubieran endiñado una dosis de kryptonita verde, a la que era vulnerable, entonces perdía sus poderes y se convertía en malvado.
El caso es que al niño le resultaba normal que el Hombre de Acero  llevase los gayumbos por fuera, pero que se cubriera con un casco de bicicleta le debió alterar bastante las evolutivas neuronas, y su desconfianza aumentó cuando su héroe le interpeló airadamente y en tono amenazador, en respuesta a su ingenua pregunta, sobre si estaba dispuesto a comprobar la autenticidad de la escopeta, y que no era un atrezo de su estrafalario uniforme.
La Policía debió percatarse de que no se trataba del auténtico héroe y por ello se dedicó a buscar al oportuno Clark Kent,  que era el personaje terrestre tras el que se ocultaba el Hombre Pájaro, desfacedor de entuertos. Para localizarlo habría que encontrar primero a su pareja, Lois Lane, pues como dicen los investigadores franceses, discípulos del célebre Eugêne Vidocq, ante cualquier hecho delictivo: “cherchez la femme”, porque consideran que tras el delito hay una Dulcinea como receptora del “consumado”. Claro que hoy, tal como están las cosas, la amante que los vuelve locos suele ser la farlopa, por lo que al que hay que buscar es a su camello de cabecera.
En fin, como ha podido comprobar, los americanos se inventaron un defensor de los desvalidos, con poderes excepcionales; nosotros también inventamos otro protector de los menesterosos, pero no podíamos soportar que fuera todo un altruista, por ello al personaje  lo representamos como un loco, “de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, y es que Cervantes conocía bien a sus conciudadanos.
En cualquier caso, el Superman de pacotilla ya está en la trena y supongo que le acusarán de dos robos con intimidación con la agravante específica de empleo de armas y la genérica de disfraz, además del de tenencia ilícita de armas, con una pena no inferior a diez años de talego, de cuyo marrón no le salvará ni el prestigioso abogado Perry Mason, y podrán dejarle que use su disfraz sin miedo a que salga volando, ni aún harto de red bull.