A veces oigo voces

A veces oigo voces

Aveces oigo voces y me pregunto si no será esquizofrenia. A veces oigo voces incompresibles; como que tengo que pagar por unas autopistas que suenan a concesionario de Renault: R-2, R-3, R-5, R-4; que a buen seguro nunca utilizaré, que no sé ni dónde quedan, que se hicieron sin ton ni son; y por las que, si fueran de balde, tampoco circularían coches.
A veces oigo voces que me hablan de expropiaciones millonarias de terrenos de los Abelló, de los Serrano Suñer, de la familia Franco. Y de tres, cinco, incluso hasta siete mil millones de euros de rescate; porque ahora están quebradas y el Estado tiene una ‘responsabilidad patrimonial’ -que no sé lo que significa, salvo que el ciudadano tiene que apoquinar- con ACS, Acciona, FCC, Bankia: empresas todas muy vinculadas a la izquierda radical. Ah, estas voces. Qué confusión me generan. Y qué vómito. 
A veces oigo voces que me dan una explicación en diferido, a lo Cospedal; que me dicen que este rescate no es rescate, a lo actual ministro de Fomento; y que no hace mucho me aseguraban que el coste para los contribuyentes sería ‘cero’, a lo zorro –zorra me parece exagerar- de la ex ministra Ana Pastor, que ahora ‘no sabe no contesta’ y que también se escaquea con la llegada del Ave al ciudad termal. Venir sí vino a pescar votos a este caladero que, de tierra adentro, es el mejor de toda Galicia para los candidatos más siniestros de la diestra.
A veces oigo voces que me desconciertan. Feijóo no ve factible, por ejemplo, la rebaja de los peajes en las rentables autopistas gallegas, pero no le escandaliza que los gallegos tengamos que pagar, además, las ruinosas radiales madrileñas.
A veces oigo voces. Y me pregunto si no será la quimioterapia que me chuflan.
A veces oigo que al ‘soplón’ que destapó a la Gürtel, un simple exconcejal de Majadahonda, le echaron las jaurías del Estado. Y Hacienda –que es de todos, pero en la que manda Montoro- inspeccionó, oh casualidad, su declaración de la renta; y también la de su padre y la de su suegro. Hacienda no paga a traidores, se ve; pero tal parece que les quisiera cobrar su felonía.
Y oigo que al capo di capi de Francisco Correa, que ni siquiera declaraba al Fisco, oh esperpento Valleinclaniano, la Agencia Tributaria nunca lo inspeccionó. Ni tampoco a su familia, que se sepa: no vaya a ser que les  encontraran algo.
A veces oigo voces. Sí. 
En lo que oigo siempre hay algo extraño y especial; lo especial soy yo, que ando como el carallo, lo otro son los ‘peperetes’ (*), que andan a lo que andan. Y que cuando hablan de transparencia ¡Cuerpo a tierra!, porque tiran a matar.   
(*) ‘Peperetes’: dícese de aquellos militantes del PP que ocupan cargos públicos, nombrados a dedo, que ostentan el poder y/o que manejan presupuestos del Estado.