Podemos en la encrucijada

Podemos en la encrucijada

Está claro que Podemos se ha convertido en un auténtico fenómeno , que seguramente se estudiará en las universidades de políticas y periodismo. En apenas dos años ha pasado de ser un movimiento asambleario a convertirse en la tercera formación política de este país, y !claro! asaltar el cielo no es gratis y deja jirones en el camino. Dicen que hay un enfrentamiento larvado entre pablistas y errejonistas y se plantea como la prueba del algodón de que vienen  inevitablemente tiempos de ruptura en la formación morada, cosa que yo no comparto.  Simplemente, como suele pasar, se repite la historia y está ocurriendo algo similar a lo que, en su día, paso entre guerristas y felipistas cuando el PSOE dejó de ser un partido de pancarta para  alcanzar el poder, con mayúsculas.
En una entrevista que le hice hace unos días a Juan Carlos Monedero, que es sin duda la mano que mece la cuna ideológica de Podemos, le preguntaba si estaba preocupado por las fisuras que  se han abierto en en poco más de un año en distintos lugares y me respondía que "cuando se levanta un edificio nuevo, antes de pintar se debe dejar que se asiente porque sino salen grietas. Nosotros hemos vivido 18 meses de vértigo electoral, hemos primado mucho la locomotora electoral y hemos atendido mucho menos los vagones de la participación popular. Podemos tiene como retos pendientes la reconstrucción de los círculos y repensar la organización. Tiene que poner mucha inteligencia para que el partido esté anclado en la sociedad y no en las instituciones. Proponer nuevos tramos en el IRPF o reformar el Senado, pero también abrir debate sobre la felicidad en una sociedad donde casi un 30% recurre a tranquilizantes". Esta reflexión significa, en resumidas cuentas, que superar el 20% de los votos y alcanzar los 69 escaños aunque sea con candidaturas añadidas, puede terminar en un atracón electoral si no se digiere bien el asunto, y de momento se están empachando.
Ahora el tema principal que les ocupa es si optar por intentar dar el sorpasso y merendarse definitivamente al PSOE como hicieron con IU, al parecer como quiere el sector de Iglesias, o intentar llegar a un acuerdo de izquierdas para conformar un gobierno con el PSOE por aquello de que "más vale pájaro en mano", que es la opción de los errejonistas. Lo que está claro es que el líder de la formación no está por la labor de facilitar un gobierno socialista y si de muestra vale un botón sólo recordar la dureza extrema con la que se mostró en la investidura fallida de Pedro Sánchez, pisoteando las esencias socialistas a través de las manos "manchadas de cal viva de Felipe González". El asunto es simplemente aclarar la disyuntiva de optar por la vía pactista o apostar por el rupturismo para hacerse con el liderazgo de la izquierda española lo cual es una aventura incierta.
La dimisión de nueve miembros del sector errejonista de la dirección de Madrid ha sido sólo una gota más en el vaso de las discrepancias internas, pero lo peor ha sido la reacción ante la evidencia. La salida en tromba de los máximos dirigentes culpando bien a los medios de comunicación, salvo a La Sexta ¡Claro está!, bien a los socialistas de una ruptura imaginaria es de una inmadurez política que apesta a viejos esquemas. "Vienen meses de guerra sucia porque el partido de la gran coalición necesita romper a Podemos para justificarse" dijo Monedero en un tweet marcando la senda a seguir.
El problema no es sólo la reacción sino la falta de autocrítica y la decepción que debe suponer para sus votantes pensar que todo sigue igual, que están cayendo en las mismas de la casta que ellos tanto han criticado. La vieja y manida táctica de buscar un enemigo exterior ya no cuela.