Ante un nuevo curso

Ante un nuevo curso

Aver si me logro explicar. O los niños de hoy son unos fenómenos o nuestra generación fue el caos, aunque bien creo que ni una cosa ni otra. Más bien sospecho que es la sociedad de consumo la que también en esto se ha introducido. Me quiero referir a lo que supone el comienzo de curso para las familias después de las vacaciones. Un enorme gasto que tengo mis dudas de sus frutos. Fíjense cómo van los pobres niños cargadísimos con sus mochilas llenas de todo. Una enorme cantidad de libros, libretas, bolígrafos, rotuladores… aquello es increíble. Y encima todo ese material apenas sirve más que para un curso, acabado el cual hay que tirarlo. Las ediciones se renuevan y aquellos textos son desechables y si tienen hermanos para el curso siguiente habrán de comprar otro material. Además, los planes de estudio cambian y son las editoriales las que se lucran de pingües beneficios por estas fechas. Así de claro. Todo esto ¿por bien de los estudiantes? ¿Está en connivencia la nueva pedagogía con las editoriales? Esperemos que esto nunca suceda. 
Y decía que nuestra generación debía de ser un grupo de zoquetes. Íbamos, a lo sumo, con un libro para cada asignatura e incluso en tiempos de la Enciclopedia Álvarez uno para todas y salían cerebros amueblados para la sociedad. Confiemos que los actuales, después de tanto esfuerzo, salgan mejores y que con las nuevas tecnologías y avances así suceda. Lo malo es que las maltrechas economías familiares se resienten siempre y pagan las consecuencias como las sufrirán las vulnerables espaldas de nuestros niños y niñas con tanto peso que cada día tienen que transportar en sus atiborradas mochilas. Ya hay en los colegios unas taquillas pero ni por eso dejan de tener que portar cada mañana insufribles pesos que van minando sus columnas.
Todo esto ¿son exigencias de la nueva educación? A lo mejor hasta es verdad aunque me cuesta creerlo. Porque de lo que se trata es de que los alumnos adquieran contenidos serios y duraderos, se formen para la vida y sean personas de provecho. Formar personas de ideas serias y bien estructuradas y nunca de vivencias y ocurrencias. Porque las vivencias sin contenidos conducen a ocurrencias que siempre son pasajeras. Esto es de lo que se trata, eliminar la hojarasca y tanto “recorta, colorea y pega”. Porque únicamente el estudio serio y profundo conduce a algo bueno. Lo demás puede ser momentáneamente muy atractivo pero a nada conduce.
Para todo ello sería necesario que de una vez por todas las leyes educativas sean duraderas sin estar al socaire del gobierno de turno. Esto creo yo que es lo más lamentable de la situación educativa actual. Ya son demasiadas leyes las que hemos sufrido y de manera efímera sin saber lo que va a acontecer con la siguiente. Y esto es lo más nocivo para la sociedad. Como igual creo que es discutible que ahora haya una universidad poco menos que en cada pueblo. ¿Es esto positivo? ¿Existen tantos buenos profesores para levantar un centro universitario en cada lugar?
Aquel célebre dicho de que “Quod natura non dat Salmanticae non prestat” posee una filosofía. Y es que allí en la universidad salmanticense, como en Santiago, Coímbra, Madrid, Lovaina, Oxford y otras más, se concentraban grandes enseñantes de gran prestigio capaces de formar en contenidos. Catedráticos que marcaban épocas y a cuyas aulas se acudía con respeto y afán de saber. ¿Existe hoy en día esa categoría en todas las universidades que tanto proliferan con tantas carreras nuevas? Si así fuere, bienvenidas sean.