Sin trabajo no hay rural

Sin trabajo no hay rural

Lo podemos pintar de colorines, pero sin empleo, sin trabajo, sin ingresos que garanticen una digna calidad de vida de las unidades familiares,muy difícilmente se fijara población en el rural, aunque le suprimamos un par de impuestos para intentar quedar bien y poco más. En nuestra provincia 91 de los 92 ayuntamientos son rural, y la supervivencia demográfica de los mismos viene superditada a políticas económicas de choque, sumado a infraestructuras y servicios que garanticen su viabilidad social y demográfica, y ahi son las variopintas administraciones las que tienen que gestionar y ejecutar las planificaciones correspondientes con coherencia y decisión. La movilización de hace unos días de multitud de plataformas, focalizando sus reclamaciones en una España vacía ,no debería caer en saco roto,y más ,en una provincia como la nuestra. La cual sufre de hace años una sangría demográfica brutal que está llevando a la desertización absoluta a una buena parte de nuestros municipios. Pero no solo deberíamos preocuparnos por el rural, ya que, nuestra área urbana, (la más débil conjuntamente con la de Ferrol), está sufriendo los mismos efectos. Dense un paseo por nuestras calles semicentricas y por nuestros barrios y periferia, y comprobarán como la nueva  oleada de cierres de negocios de todo tipo actualmente es brutal. En el peor momento de la crisis económica, (años 2012-13-14), nuestra ciudad sufrió una triste época de cierres de actividades económicas muy fuerte, le siguió un periodo de transición a un virtual inicio de recuperación, (años 2015-16-17), para continuar con una recaída que ha tomado un cariz enormemente preocupante a partir del segundo cuatrimestre del 2018 y que estamos ahora sufriendo de lleno con cierres de negocios de todo tipo y antigüedad . Sé que no es fácil, nada fácil, pero si no intentamos involucionar está situación pues el resultado de no hacerlo sobra escribirlo. Sí, supervivencia pura y dura en un contexto demográfico en caída libre que afecta de una forma brutal a la inmensa mayoría de los concellos gallegos de menos de 5.000 habitantes y especialmente agravado en provincias como la nuestra, Ourense, con 2.599 núcleos de población y 3.691 entidades singulares y con una población diseminada que deriva en que cientos de pueblos no lleguen a estar compuestos por mas de 3 vecinos. Los condicionantes económicos, la falta de un cambio de tejido productivo que ayudase a fijar población y las erróneas políticas económicas y de territorio aplicadas solo han contribuido a agravar aún más el problema del "interior del interior"de nuestra comunidad. Ya se han cometidos innumerables errores y despropósitos con nuestra población en los núcleos rurales. Ya es hora de poner soluciones viables y con retorno encima de la mesa ante la cascada interminable de cierres de actividades agrícolas, ganaderas y de un comercio local en el rural que día si y día también se evapora ante la falta de población y lógicamente de clientes. Y una de estas posibles soluciones viene en la línea de potencia dentro de los ayuntamientos mas reducidos, en cuanto a población se refiere  en aglutinar y focalizar los servicios públicos y privados en los núcleos de población con mayores posibilidades económicas y sociales buscando así su viabilidad y permanencia en el tiempo. En definitiva Ourense no puede seguir sumida en un espejismo virtual a través de un camino errático. O cambiamos o nos quedamos en el camino, y esto ultimo todos lo sabemos.