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El Meixoeiro salvó muchas cirugías que no pudo hacer el Cunqueiro

r.suárez. vigo | 23 de mayo de 2020

La existencia de un hospital separado del Cunqueiro fue clave para preparar la infraestructura que necesitaba el coronavirus.
La existencia de un hospital separado del Cunqueiro fue clave para preparar la infraestructura que necesitaba el coronavirus.
Traumatología  y Cirugía General se llevaron su instrumental a este hospital para operar durante la crisis 

El Meixoeiro se reservó como espacio libre de coronavirus durante la pandemia, pero en absoluto tuvo un papel secundario. 

Al margen de que alberga la sede del Laboratorio Central del Complejo Hospitalario Vigués, donde se analizaron la mayoría de las muestras del virus, el viejo hospital fue la tabla de salvación para los servicios que ya no podían operar en el Cunqueiro nada más que las emergencias.
 

Desde la Dirección del Área Sanitaria se había dado la orden de reducir al máximo la actividad quirúrgica y las consultas cuando el virus golpeaba con fuerza en Madrid, para reservar todos los recursos posibles al coronavirus y para evitar aglomeraciones en un hospital por el que a diario pasaban cerca de 10.000 personas diarias.
 Servicios de gran tamaño como Traumatología y Cirugía General y Digestiva trasladaron su instrumental quirúrgico al Meixoeiro, que habilitó además un área de Reanimación, con más personal de Anestesia y de Enfermería  y operaron  allí los casos urgentes y los que eran no demorables por distintas razones. De esta forma, en Trauma por ejemplo pasaron de operar juanetes o manos a roturas de cadera y casos de cáncer. Tanto este servicio como Cirugía General consumen muchos recursos en quirófanos, camas y reanimación. Se trataba también de dejar libres respiradores (de quirófanos y reanimación) y camas. 

Mientras tanto, el Cunqueiro montaba un hospital dentro del hospital, un auténtico búnker para tratar a los pacientes de coronavirus, con circuitos aislados de uso exclusivo para los afectados y para el personal que debía atenderlos: en Urgencias, en las plantas de hospitalación y en la UCI. La idea era que ningún paciente Covid se cruzase en ningún momento con el resto de enfermos. Estos circuitos se van a mantener, aunque de menor tamaño, en previsión de que se presenten rebrotes o una segunda oleada en otoño. 
A pesar de las precauciones y de crear zonas cerradas para el coronavirus, el miedo  al contagio provocó que muchos pacientes no quisieran ir al hospital ni siquiera en casos graves. “El hospital tiene circuitos sellados y separados para el Covid, se han tomado medidas para garantizar que es un entorno limpio y seguro. Nosotros hemos tratado a muchos pacientes de cáncer y de otras patologías que no se han infectado, han ido bien. La gente no tiene que tener miedo de venir al hospital”, afirma la jefa de Cirugía General y Digestivadel Complejo Vigués, Raquel Sánchez.
En el Cunqueiro siguieron en activo distintos servicios, puesto que las otras dolencias no desaparecieron, con sus pacientes hospitalizados, las operaciones impresindibles y con consultas únicamente telefónicas, como se hizo en  Primaria. Pero sí hubo más de uno que tuvo que trasladarse dentro del Cunqueiro para dejar sitio a las plantas Covid, como la Unidad de Ictus, y otros como Traumatología que se llevó a todos sus pacientes hospitalizados del Cunqueiro al Meixoeiro para liberar espacios. El Cunqueiro se preparó para una avalancha de Covid y al final ocuparía un tercio de su capacidad.

Casal: “Los quirófanos están ya al 100% y hacemos consulta de tarde”

El jefe de Trauma, Roberto Casal.

El jefe de Trauma, Roberto Casal, con la cirujana Hermitas Varela.
 

El servicio de Traumatología tiene en este momento el mismo número de quirófanos que antes de la pandemia en el Cunqueiro, y están trabajando al 100% o incluso algo más porque no hay ningún personal de baja, de vacaciones o en congresos. Ahora intentan ponerse al día con una lista de espera,  que sumó dos meses de demora por la pandemia y en la que no se añadieron nuevos pacientes porque también se tuvieron que aplazar la mayoría de las consultas.  “Estamos ya a pleno rendimiento, pero aún así queda mucho trabajo por hacer”, señala el jefe de Traumatología, Roberto Casal.
Con respecto a las consultas, en este servicio se estrenaron con el horario de tarde, que era una de las soluciones que se proponían para evitar aglomeraciones en las salas de espera durante la jornada, que se había habitualmente de mañana, y también para agilizar las citas que se habían aplazado.
Durante la pandemia, Traumatología tenía un doble objetivo que cumplir: asegurar la atención urgente y la prioritaria no demorable y, por otro lado, liberar recursos para que otros servicios pudieran atender la pandemia (quirófanos y reanimación con sus respectivos respiradores y las camas).

un traslado de récord
Liberar camas fue una de sus gestas de récord. A finales de marzo, de un día para otro se llevaron en ambulancias a casi medio centenar de pacientes hospitalizados en el Cunqueiro al Meixoeiro. A algunos de ellos, solo a los que se podía, les dieron el alta antes. Era una de las medidas del plan de contingencia del coronavirus, que se hacía con dos  Unidades de Hospitalización de Traumatología (Velas 2A e 2B) para albergar a casos de sospecha y confirmados de coronavirus.
En Urgencias mantuvieron las guardias con las medidas de distanciamiento social, mientras en consultas diseñaron un plan para llamar a todos los pacientes, aplazar las citas demorables y pedir que acudiesen presencialmente los que tenían heridas que revisar o una escayola que quitar por ejemplo. De esta forma, las consultas se redujeron en un 90%.
Los quirófanos se limitaron a las emergencias, por ejemplo un politraumatizado que entraba por Urgencias (aunque casi no hubo) y se operaba solo en estos casos en el Cunqueiro, y las urgencias demorables que se llevaron al Meixoeiro.
La cuarentena hizo también que bajase el volumen de urgencias a la mitad, puesto que no había casi accidentes de tráfico, ni deportivos ni laborales (aunque son pocos habitualmente) y con los niños y ancianos recluidos bajaron también las fracturas. Además, casos leves como torceduras de tobillo no les llegaron por miedo al Covid.n
 

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