RICARDO FANDIÑO PSICÓLOGO CLÍNICO, PSICOTERAPEUTA Y EXPERTO EN ADOLESCENCIA

“La educación se centra mucho en la tiranía del éxito y poco en valores como respetar al otro”

Jornadas:
La Asociación para a Saúde Emocional na Infancia e Adolescencia (ASEIA) celebra mañana  en el Centro Social Afundación una jornada  considerada de interés sanitario por la Xunta sobre Salud Emocional y Agresividad.  Es su  quinta jornada y está dirigida tanto a profesionales del sector como a  padres y madres.
 

Ricardo Fandiño es especialista en adolescencia.
Ricardo Fandiño es especialista en adolescencia.
“La educación se centra mucho en la tiranía del éxito y poco en valores como respetar al otro”

Unos 75 profesionales de la psicología, la educación y del ámbito social de toda España, así como padres y madres se han inscrito en estas jornadas que traen a Vigo a diez expertos. Las personas interesadas se pueden inscribir hasta el mismo día de la jornada.


 ¿Está aumentando la violencia entre los adolescentes?
Hay más casos denunciados de violencia filoparental, aumenta la violencia de género en la adolescencia, el acoso escolar es una preocupación social y el suicidio es la principal causa de muerte en jóvenes europeos. Las demandas en las unidades de salud mental infanto-juvenil crecieron un 120% en los últimos diez años.


¿Qué está fallando?
Lo primero que tenemos que entender es que la adolescencia de por sí es conflictiva, pero no en sentido negativo. Es un proceso de paso de la infancia a la vida adulta y en sí mismo es un proceso de crisis. El problema es si ese conflicto se resuelve de forma adecuada. Además la adolescencia se ha convertido en la edad deseada, ahora los adultos quieren ser adolescentes. Tendríamos que preguntarnos cuál es nuestro lugar en esta problemática, en qué medida podemos hacer alianzas con otros adultos para la educación de nuestros hijos y hasta que punto deslegitimamos a los maestros en el ejercicio de su autoridad en el aula si los criticamos en casa.

Usted afirma que los padres educan en todo lo que hacen.
Se educa con el ejemplo, la presencia, los silencios, el testimonio de la vida de uno. Es verdad que ahora las familias pasan muchas horas fuera de casa porque no queda otro remedio, pero es importante el tiempo que se pasa con los hijos, hablarles de nuestra vida adulta, de nuestro trabajo, escucharles en sus necesidades, sin que esté mediatizado por la presencia de pantallas que captan la atención.


¿Por qué es tan importante poner límites a los adolescentes?
El proceso de maduración de un niño pasa por una parte que tiene que ver con la dependencia, el cuidado, la protección y con esa relación a dos. Después hay un proceso de socialización en el que entran en juego más actores, ya no está solo el deseo de uno sino que también las necesidades y los intereses de los otros y ahí es donde tiene que aparecer la noción de límite. Vivo en un mundo compartido y algo del orden de la frustración tiene que aparecer para poder convivir. En ese sentido la agresividad tiene dos acepciones, la relacionada con la violencia, atacar y hacer daño y la agresividad como fuerza, dinamismo, la decisión para emprender algo y sortear dificultades. La diferencia entre una y otra es la capacidad para la empatía, para tener en cuenta al otro. Se puede ser agresivo como una fuerza vital, de crecimiento, a condición de tener siempre en cuenta la presencia del otro, que es una persona que está a nuestro lado y que puede sufrir, tener miedo o dolor.

¿Se puede educar para conseguir que esa agresividad sea de la buena?
No solo se puede sino que se debe, porque si no se educa no se adquiere. Tenemos que recuperar valores que tienen que ver con la convivencia, con una moral civil que nos damos socialmente para relacionarnos entre nosotros.


¿Considera que  hemos aparcado los valores en la educación?
Sí, la educación tiende a centrarse en contenidos y poco en valores. Hay mucho esfuerzo puesto en la eficacia, el rendimiento y en la tiranía del éxito,  sin tener en cuenta cuestiones de base como compartir y el respeto por el otro.

¿Es difícil para padres y profesores detectar el acoso?
Uno de los expertos invitados aportará una visión muy interesante sobre esto. El acosador busca una víctima para proyectar los aspectos más débiles de sí mismo, en realidad no es el fuerte que acosa al débil, sino que es alguien que encuentra a otro para no sentirse él débil. El acoso escolar es un proceso colectivo, los demás saben que se está produciendo, requiere una cierta ley del silencio. El programa noruego Kiva propone actuar sobre los testigos, porque si avisan no hay posibilidad de acoso. Nosotros tenemos un programa de prevención, “la mirada del otro”, que trabaja la importancia de la empatía y de la aceptación del diferente colectivamente en todas las clases. El problema es que con las redes sociales saltamos los muros de las escuela y es un acoso las 24 horas más difícil de detectar.

Tras el caso de la Manada, aunque no son adolescentes, se habló de un crecimiento de la violencia de género en gente joven.
En la Manada no son adolescentes en el sentido que entendemos por edad, pero madurativamente no han superado la edad de la adolescencia. Sí parece haber un repunte de conductas machistas en adolesdentes. Hay un modelo de relación sexual que es la pronografía (el rango de edad que más consume es de 10 a 16 años) y no se trabaja la alternativa de otro modelo porque la educación sexual sigue siendo la gran ausente en las escuelas. Defendemos su importancia desde Infantil a Secundaria.