Opinión

Tengo un protocolo

Opinión

Tengo un protocolo

Si  algo está de moda esta primavera son los protocolos. Quién lo iba a decir, ni los pantalones pitillo, ni las rayas o los vestidos retro.  Lo que lo peta son las reglas de la desescalada. Las prisas y el ansia por diseñar estos decálogos tortuosos de la reincorporación al trabajo o del comportamiento higiénico sanitario en condiciones de seguridad son en sí mismos casi una pandemia.

No hay ámbito en el que podamos actuar en el que no exista ya o esté a punto de redactarse de modo precipitado el conjunto de reglas que rijan la actuación para vivir y convivir en la nueva normalidad. A quienes deben volver a su puesto de trabajo les sube la fiebre al leer las normas sobre las fases y las situaciones laborales o administrativas en las que se encuentran en función de su situación personal o de salud. Si puede usted tele trabajar no vuelva a su puesto en fase 1, a menos que no sea usted vulnerable y cuente con las medidas de seguridad adecuadas, además de conocerlas, que no es fácil. Regrese pues en fase 2, a salvo de que en aplicación de medidas de conciliación pueda hacerlo en fase 3, sin perjuicio de ser persona sensible, en cuyo caso habrán de valorarse otras circunstancias. 

Sensible estoy yo últimamente. Cualquier loco hace un protocolo en el que se suceden los párrafos sin orden ni sentido. Si el confinamiento no ha conseguido volvernos locos a todos, corremos el riesgo de perder la cordura intentando interpretar y conocer el sentido de las normas de comportamiento social y los códigos de conducta para cada situación o contexto. Mascarilla y pantalla, guantes porque no hay gel o gel incluso con guantes, alfombras higienizantes, distancia social, dos metros, tres, tírate al suelo si no lo ves claro. Tanto machacarnos con la conciencia ambiental, reciclando, haciéndonos ver en el plástico la reencarnación del Maligno, y ahora viviremos en el mundo del plexiglás y el policarbonato. Que deberemos limpiar con desinfectantes contaminantes.    

Nada más despertarnos y tomarnos la temperatura, si no debemos volvernos a cama en caso de exceder los treinta y siete grado, comienza la rutina de las reglas para entrar, para salir, para el transporte público, las compras, las terrazas, los colegios, las guarderías, el ocio, la empresa, ¿el cortejo sexual? Solo faltaba ahora que se pusiera a tiro en esta época incierta nuestro sueño erótico al que no poder rozar. ¿Nos la jugaríamos? Esperemos tener a tiempo el protocolo. 

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