Papelón en Venezuela

Papelón en Venezuela

Mejor o peor, España fue capaz de desplegar, tras la Transición, una política exterior común, mínimamente consensuada. Suele ser algo habitual en las grandes democracias, como Estados Unidos, Alemania, Francia o el Reino Unido. La crisis política de Venezuela ha demostrado que ahora esto no es así en España, donde la Oposición se desmarca del Gobierno a la primera de cambio, el Gobierno titubea y el principal socio parlamentario del partido del Gobierno sostiene justo lo contrario que los grandes socios europeos. Más allá de lo que piense cada uno, parece evidente que con una política exterior así no se va a ninguna parte.
La situación es tan divergente que incluso los tres presidentes socialistas de la democracia --Felipe González, Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez-- han expresado cosas radicalmente distintas. ¿Resultado? España, tras vacilar, terminó diciendo algo parecido a lo que indicó Alemania, que puede tener sus razones para actuar como actuó, pero que no tiene el peso que se le supone a España en América Latina.
Más allá del postureo, Pedro Sánchez ha demostrado tener poco nivel en el tablero internacional. Lejos de poner en valor su aparente cautela, esta actitud timorata le ha hecho poco fiable para Estados Unidos, poco relevante en Europa, poco convincente para Juan Guaidó y encima terminó siendo denostado—en público— por Nicolás Maduro. Todo eso fuera de España, pero dentro las cosas no le fueron mejor. Cabreó al partido con el que se alterna en el Gobierno, el PP, y defraudó a su socio de izquierdas, Unidos Podemos, uno de los contados aliados que tiene el chavismo en el Occidente democrático.
Este lamentable estado de cosas prueba que España tiene un problema en política exterior pero también que el PSOE precisa saber dónde está. Sería preocupante que se confirmase que España estuvo no solo ausente sino ignorante del diálogo secreto que permitió la coalición internacional anti-Maduro. El expresidente Felipe González no ha podido ser más claro a ese respecto.
Las explicaciones de Pedro Sánchez este sábado en la Moncloa no solo llegan tarde sino que aportan poco y entrañan contradicciones. Al anunciar que reconocerá a Juan Guaidó como presidente de Venezuela "si en ocho días no hay una convocatoria de elecciones justas y libres" por parte de Maduro, ¿quiere decir que confía en el comité electoral del chavismo --el CNE-- para esa convocatoria? ¿Y a quién reconoce España mientras tanto? ¿A Maduro? Digásmolo claro: se puede estar con Maduro y contra Maduro --es lo que hacen grandes potencias como Rusia y Estados Unidos--, lo que no se puede es hacer el ridículo, y encima quedar mal. Menudo papelón.