Y ahora ¿qué mundo nos espera?

Y ahora ¿qué mundo nos espera?

Es muy difícil, diría que imposible, escribir algo sobre las recientes elecciones norteamericanas sin caer en los tópicos. Muy difícil sobre todo porque la categoría, a todos los niveles, de los dos contendientes dejaba mucho que desear. Han caído muy bajos ambos liderazgos, lejanos de categoría política y, si me apuran, incluso humana. Pero… “EEUU is different”. Lo malo es que lo pagaremos todos. Fruto de una época en la que la supuestamente nación más poderosa del mundo ha ido bajando su categoría internacional. A Obama meses después de su elección le dieron el Nobel. ¿Qué méritos tenía entonces para concederle tal honor “ante premisa merita”? Su mandato desilusionó a muchos aunque también es verdad que algunas cosas que pretendía llevar a cabo se lo impidieron las cámaras legislativas. Pero pasará a la historia sin pena ni gloria.
Despropósitos que han creado un caldo de cultivo al que se ha llegado el pasado 8 de noviembre con unas elecciones sumamente atípicas. Personalmente bien creo que ni uno ni la otra eran merecedores de ocupar la Casa Blanca. Algunos, la mayoría fuera de EEUU, miraron a Hillary Clinton como el mal menor aun cuando su enemistad con Rusia y los escándalos revelados se reflejó en las urnas. Hubo guerras con Bush y siguieron más con Obama; aquellas promesas de paz se han concretado en una interminable lista de conflictos internacionales. Los yihadistas han ido a más y la célebre Primavera Árabe ha quedado en agua de borrajas. Más aún, aquellos países que pretendían salir del invierno o retrocedieron o a lo sumo se han quedado en el otoño. Han sido muchas las ilusiones truncadas e infinitas las promesas incumplidas en la era Obama.
Trump ha sido capaz de conectar con la sociedad conservadora americana recelosa del mundo musulmán y, sobre todo, de los inmigrantes, a los que algunos consideran allí como invasores. El magnate consiguió fomentar el miedo a sus compatriotas y por ello los votantes miraron para otro lado ante los escándalos salidos en la campaña de este multimillonario. El dinero, el capital, lo mueve todo por lo que se ve. Para nada importó a los estadounidenses conocer improcedentes comentarios sexuales, machistas y de mal gusto.
El lector conoce lo que significan las “gracias de estado”, ayudas que trae consigo la llegada a un cargo. Quisiéramos creer que ese buen señor, hoy presidente de los Yankees en el país del Tío Tom, las adquiera y sea capaz. Esperemos que modere sus formas, que recuerdan a Berlusconi. Su alianza y amistad con Putín cuando menos es para tener en cuenta.
La vida sigue y, como dijo Obama la noche electoral, el sol seguirá saliendo cada día. En ello confiamos en un mundo hoy sin rumbo, sin valores y al que le da igual la verdad que la mentira, la honradez o el escándalo. Pasamos de todo.
Lichtman dijo que gane quien gane, el día después de las elecciones EEUU amanecerá siendo un país profunda y extremadamente dividido. “Creo que vivimos uno de los momentos de mayor división de la historia de América. Sólo espero, por el bien de nuestro país, que seamos capaces de superarlo”. Tal vez echando mano del lema de la campaña de Clinton: “Stronger together” (más fuertes todos unidos). Dios me libre de caer en la tentación de aquel que nos llamó poco menos que retrasados tras las elecciones gallegas. ¡De ninguna manera! El país ha elegido a una persona concreta que nos guste o disguste es la elegida y debemos respetar aunque, por supuesto, muchos estamos lejos de estar de acuerdo. “That is the question”, que diría Shakespeare, esta es la cuestión.