Opinión

Enrique Lorenzo Docampo

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Enrique Lorenzo Docampo

Aunque el premio de Vigueses Distinguidos, otorgado por el Concello de Vigo comenzó originalmente en unos actos en los años 70 del siglo pasado no fue consagrado como la actual hasta 1987 ya en época de la democracia. Es una pena, porque un personaje increíble en la historia de esta ciudad fue Don Enrique que falleció a los 89 años en 1981 después de una larga e increíble trayectoria de acontecimientos en La Muy Leal. Como tantos gallegos del siglo XIX emigró a la Argentina buscando fortuna, aunque su estancia fue muy breve regresando a Vigo en 1915. 

A partir de entonces, con apenas 23 años, comenzó, gracias a su mente emprendedora, su tenacidad, su ingenio y su amor por su ciudad natal a contribuir en el progreso en todo cuanto proyecto echaba mano como impulsor. Esto es su breve biografía. Creo la fábrica ‘Vulcano’ en Teis, contribuyendo al auge de la construcción naval. Siguió con una conservera en Moaña, la ‘Guía’ que cerró en 1981. En 1963 fue presidente de la Diputación de Pontevedra, miembro de la Junta Directiva de la Cámara Oficial de Comercio, consejero del Banco de Vigo, censor de Tranvías eléctricos de Vigo y presidente del Centro de Hijos de la ciudad. Pero lo mas sorprendente de este ilustre personaje fue su visión de futuro y en especial el deporte cuando fundó y fue presidente del Real Aero Club de Vigo. Hago hincapié en ser un visionario porque se le ocurrió la idea de crear un verdadero ‘Country Club’ al estilo anglosajón, especialmente de USA que incorporara todo tipo de deporte de elite que incluía una escuela de aeronáutica, campos de tenis, deporte de ‘tiro’ (con escopeta) incluyendo ‘pichones (palomas) y lo mas importante, un campo de golf. 

Yo recuerdo personalmente lo que era este singular club porque fui socio – soy golfista nato - desde 1963 y probablemente el único sobreviviente en todo España que se acuerda de estas instalaciones que supongo comenzaron a finales de los 50 o principios de los 60 del siglo pasado. Existía una especie de ‘bunker’ desde donde disparaban los aficionados a las pobres palomas que los largaba un personal de club. Mientras, los ‘nuevos golfistas’, ‘eu’ incluido, esperábamos nuestro turno para dar a la pelotita en uno de los hoyos que formaban el campo. Nosotros disponíamos de solo 3 y a la espera de que no nos fusilen los ‘pichoneros’. Cuando falleció Don Enrique, había desaparecido el tiro a pichón, la escuela de aviación, y el campo de golf ya era de 9 hoyos. Curiosamente dijo el profesional Severiano Ballesteros (QEPD) que jugar en un campo de 9 hoyos eran como jugar al futbol con solo una portería, pero algo es algo y por lo menos era un campo de golf. En esa época, las comunidades de montes eran eso, cuidadores de monte y no de sectores urbanizados, el aeropuerto fue avanzando, pero el campo seguía igual. 

Mientras, en Galicia iban en aumento los nuevos campos de golf. El más cercano siendo el de Domanio, al que contribuí como Gerente, supervisando la construcción que duro 2 años. En Vigo, el auge de otros deportes, incluido las tradicionales como la vela crecían a la par con la población, desde unos 150.000 habitantes en ‘mi’ época al doble en lo que es hoy. Vemos como los carriles bici, el ‘Marisquiño’, los tropecientos maratones han impulsado todo tipo de deportes nuevos en esta Cidade Fermosa. ¿Pero el Golf’ ¡Muere, dilecto/a leyente/a! No solo comenzaron hace unos años a talar árboles, no lo sé porque, pero ahora esta al borde de ser absorbido por Aena para ampliar el aeropuerto. ‘Goodbye’. 

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