Episodios vigueses
Jesús Bahillo, Soto y la autovía Rías Baixas
Episodios vigueses
Alguna vez he citado aquí, con admiración y afecto, el singular caso de Jesús Bahillo, a quien conozco y trato desde el día aquel en que, con Jorge Parada, instalaron en Vigo, al lado de mi centro de trabajo en la calle Colón la sede del Partido Socialista Popular de Tierno Galván. Alguna vez he señalado la excepcional circunstancia personal de Bahillo, de ser la única persona que conozco que abandonó un empleo excelente y bien retribuido para enrolarse como diputado, perder dinero y ganar trabajos. Creo que ha sido el mejor de los diputados del PSOE que ha tenido la provincia de Pontevedra, a lo que se debe unir la proyección que dio a Vigo años después desde la gerencia del Club Financiero que, durante su etapa, fue un centro de referencia económica, cultural y social, abierto a toda la ciudad.
Aunque el espacio de este articulo no serían suficientes para englobar la historia que hoy quiero iniciar, sí diré que debemos corregir su modestia y recordar la serie de efectos positivos que. para Vigo, Galicia y España, deparó su paso por la política, como gestor de hoy realidades tangibles de las que fue promotor, especialmente en el sentido de la obra pública, las comunicaciones y todos los servicios necesarios e imprescindibles. Hombre ordenado, guarda una valiosa documentación y archivos de sus gestiones, a las que por amistad y afecto mutuo me ha permitido acercarme. Es tal el volumen de hechos concretos, que deberé irlos enfocando por etapas.
Frentes a los frecuentes diputados mudos, parasitarios y calienta asientos, Bahillo supo moverse con inteligencia e imaginación, hallar apoyos y aliados para conseguir sus objetivos, en alguno de los casos, conviene recordarlo, llegó a contar con la colaboración del entonces alcalde de Vigo, Manolo Soto, a quien se le debe reconocer en este caso, la buena voluntad aportada.
En su etapa como diputado (1982-1989), dedicó gran parte de su tiempo en la gestión ante las administraciones del Gobierno en orden al equipamiento de infraestructuras para Galicia y los municipios que integran el área de Vigo, Val Miñor y Pontevedra. A Bahillo se debe, sin la menor duda, la gestión esencial para conseguir la construcción de la Autovía de las Rías Baixas, A-52, Vigo-Benavente. Bahillo se entrevistó con el ministro de Obras Publicas Sáenz de Cosculluela, proponiéndole que, en los nuevos trazados para Galicia, la bifurcación se hiciera en Benavente (y no en Monforte de Lemos), manteniendo la ruta prevista hacia a Coruña y abrir otro hacia el Sur Ourense-Vigo. La respuesta fue que sería muy caso dotar de dos ramales a Galicia, frente a las demás comunidades que sólo contarían con uno.
Bahillo no se arredró, y junto con el diputado por Ourense Manuel Veiga y el alcalde de esta ciudad, Manolo Veiga, y el de Vigo, Soto, diseñaron una estrategia. El ministro dijo a los proponentes que demostraran que el segundo trazado fuera necesario. Gracias a su amistad con Fernando Palau, director general de Puertos, se hizo con la dirección del Consulting de Confianza que pudiera realizar el estudio. Y es en este momento, cuando va a entrar en escena Manolo Soto, alcalde de Vigo, que abona el informe técnico de incuestionable calidad. La empresa que lo lleva a cabo era SBA (Sánchez Blanco Asociados) y costó al Ayuntamiento de Vigo, algo menos de cinco millones y medio de pesetas (5.355.000). Y la autovía se hizo.
Esta historia se completa con otras que dejaremos para otro día, como ejemplo de lo que debe ser un político en ejercicio. También traerla a colación es justo reconocimiento, además de la iniciativa de Bahillo, al papel que jugó el entonces alcalde Manolo Soto, tan criticado y polémico en otros asuntos. Pero en este lugar de episodios e historias viguesas es obligado recordarlo, porque sin la menor duda, a su apoyo al proyecto e iniciativas de Bahillo tuvo reflejo incuestionable en la autovía de las Rías Baixas de la que hoy disfrutamos.
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