Roberto Lago: “Siempre me hago la misma pregunta: ¿he disfrutado del fútbol al 100%?”

Exfutbolista y comentarista

"Jugué en los peores años del Celta sin pedir nada a nadie. Me fui al Getafe feliz conmigo mismo por dejar a mi equipo en Primera; se había cerrado una etapa", comenta

Publicado: 18 nov 2024 - 08:11 Actualizado: 18 nov 2024 - 20:15
El exfutbolista vigués pasó revista a su carrera, al Celta actual y a su labor como comentarista televisivo en el set de Atlántico.
El exfutbolista vigués pasó revista a su carrera, al Celta actual y a su labor como comentarista televisivo en el set de Atlántico.

Cuatro años después de asumir la retirada, Roberto Lago (Vigo, 1985) sigue insistiendo: “El fútbol me dejó a mí, no yo a él”. Es un punto de nostalgia que nada tiene que ver con tristeza pese a tener que dejarlo por una lesión. Atrás queda más de una década como profesional, con un impacto enorme en el germen del Celta actual. Por delante, una vida nueva en la que sigue ligado a su pasión como comentarista en la TVG.

¿Ve más fútbol ahora que cuando estaba en activo?

¡Uf! Mucho más. Es por trabajo, pero claro que sí. Tengo la obligación de estar pendiente del fútbol gallego semiprofesional y de la actualidad del Celta.

Antes le comentaban a usted y ahora es usted quien comenta.

No. Cuando estás en activo, tienes una burbuja y no piensas en lo de fuera. Incluso cuando me quedaba poco de carrera, llevaba dentro el tema del análisis con mis propios partidos, los de los rivales o los del extremo que iba a tener enfrente. Me encantaba. Y en el momento que se me acabó el fútbol, fue lo primero que hice. A día de hoy, como entrenador te diría que no. Mañana, no lo sé. En 2019 iba a Madrid para sacarme la titulación y mira, ahora la ejerzo.

¿Cómo dio el paso?

Recuerdo que Víctor López (periodista de CRTVG) me llamó y me animó, así que me decidí a probar. Debuté en el campo del Arenteiro, con un frío tremendo. Han pasado algo más de tres años y hasta hoy.

El Celta mantiene un lugar principal en esta nueva etapa. ¿Cómo ve al equipo de Claudio?

Es verdad que ahora, como analista, debo ser justo con todos los equipos y me duele cuando el Celta no me gusta. Pero no puedo engañar a nadie. Y no soy sospechoso de mis colores. Y el proyecto de Benítez, que iba a ser a largo plazo, al final fue de corto. El impacto de Claudio cuando llegó fue inmediato. Lo veo bien, en línea ascendente, con los canteranos como seña de identidad. Todo lo que veo me gusta. Habrá derrotas y malos partidos por el camino, pero está claro que todo va muy bien.

Todo lo que veo del Celta de Claudio me gusta

Como parte de aquel grupo de canteranos que devolvió al Celta a Primera, debe ser especial ver a tantos chicos de la casa en la plantilla.

A mí me llena de orgullo. Cuando yo llego al primer equipo, la puerta solo estaba entreabierta. En mi generación, nuestro espejo era Borja Oubiña. Solo se había consolidado él porque es muy difícil. Pero ese ascenso y esa permanencia del 4% con chicos de la cantera fue un punto de inflexión en la historia reciente del club. También hay talento en casa si se le da la oportunidad y a mí me encanta que esté siendo así. Ojalá pudiéramos ver en pocos años una alineación titular del Celta confeccionada al completo con canteranos.

¿Hay alguno que le guste especialmente?

Hay muchos. El doble pivote Damián-Sotelo me parece muy interesante. Me gusta mucho Javi Rodríguez porque es el espejo de que no siempre llega el defensa más alto o más fuerte. Es un tipo de central que puede no estar de moda, porque es menudito y aunque es rápido tampoco es el más veloz. Pero es súper inteligente, conoce perfectamente la posición y es muy completo. Y luego el que puede dar el salto es Fer López. Hay que tener un poco de calma, pero debe ser el siguiente.

Luego está Aspas. Sé que son como hermanos, así que debe hacerle muy feliz verlo a este nivel.

Ahí me tocas. Es que yo no lo veo como un jugador. El fútbol nos unió, pero ahora es lo de menos. Nuestros hijos se tratan como hermanos y los suyos, para mí son como sobrinos. Iago es mi familia. Y después de verlo en el campo, siempre le digo lo mismo: “Aguanta al máximo, tío; sigue hasta que te eche el fútbol”.

¿Cree que renovará?

Estará hasta que él quiera. A mí me dice lo mismo que a vosotros: que hoy se encuentra bien, pero que mañana no lo sabe. Hay una edad ahí y veremos, pero ojalá que sea cuanto más tarde mejor y que podamos seguir disfrutándolo porque luego lo vamos a echar mucho de menos.

A Iago siempre le digo lo mismo: “Aguanta al máximo, tío; sigue hasta que te eche el fútbol”

Junto a él y otros canteranos empezó el viaje de vuelta a Primera División.

Coincidimos mucho en el Celta B. Yo fui el primero en llegar y esto lo aprendí de Pinto, que es el mejor capitán que he tenido: nunca hacerle a nadie lo que no quiero para mí. Por eso, a medida que tuve peso, intentaba acoger a los que llegaban. Pienso que si vas feliz a tu trabajo, rendirás mejor. Por eso les insistía en que siguieran haciendo lo que les llevó hasta allí. No sé si me escucharon, pero mal no les fue.

¿Cómo recuerda ese ascenso?

Esos años en Segunda fueron durísimos. He visto salir y entrar por el vestuario miles de jugadores que venían por lo que venían y no tenían ese sentimiento. Después, el club tiró de la cantera al no tener músculo financiero. Eso hizo que nos juntáramos y que hiciéramos el gran año en el que no subimos por el penalti de Michu. Eso fue bueno tocarlo. Recuerdo al equipo llorando en Los Cármenes y pensar en qué podía hacer como capitán para levantar a estos chavales. Tenía la sensación de que perdía el tren de Primera. Fue un día horrible. Pero ese verano animé a la gente y al año siguiente ascendemos directos. Hay que darle el valor que merece.

¿Y la permanencia del 4%?

Fue un año terrible, con muchos altibajos. Luego padecimos la salida de Paco Herrera. Aquello lo sacó adelante la unión del vestuario. Si no llega a ser así, no sé dónde estaría el Celta al día de hoy.

Me fui al Getafe feliz conmigo mismo por dejar a mi equipo en Primera; se había cerrado una etapa

Después llegó su marcha al Getafe.

Aprendí de mi padre, que en paz descanse, que si pasan unos años y volverías a tomar la misma decisión es que no hay nada de lo que arrepentirse. Y volvería a hacerlo. Yo cometí el error de no abrirme y explicarme, pero era más joven. Venía una hija en camino, mi mujer estudiaba periodismo e ir a Madrid le daba la opción de la Universidad Europea. Respeto mucho a los 'one club man', pero pienso que el fútbol te ofrece experiencias como conocer otros sitios. Venía de ascender y de mantener al equipo de mi vida, siendo importante y capitán. Y tenía 28 años. No es como si me fuera con 23. Jugué en los peores años económicos del Celta sin pedir nunca nada a nadie. Era el momento de un contrato que me solucionase la vida, pero también iba de la mano de estas cosas. Y, aunque por nombre tenía propuesta mejores, elegí ésta por mi unidad familiar.

La vida es tomar decisiones.

Y luego que yo al Celta nunca le cerré las puertas. Le puse el contrato del Getafe encima de la mesa al anterior director general (Antonio Chaves). Nunca quise engañar a nadie. Él me decía que eso no me lo podía dar y yo le decía que nadie estaba pidiendo eso. Nunca fue por dinero. Creo que se había cerrado una etapa, en la que ya lo había conseguido todo y quedaba feliz conmigo mismo por dejar a mi equipo en Primera tras aquella travesía en el desierto. Por eso te digo que volvería a tomar esa decisión.

La siguiente fue fichar por el Apoel de Nicosia.

¡Uf! ¡Yo no quería ir! Terminaba con el Getafe y estaba en buen momento. Pero tuve una fractura en las costillas que me alejó mes y medio. Todo el mundo me apretaba para que volviera, lo intento, vuelvo a recaer y se me acaba la temporada. En verano, mis agentes me comentan la opción de ir al Apoel y yo les digo que no. Luego me llamó Thomas Christensen, que era el entrenador: "Vente para aquí, que vamos a Europa". Ahí empiezas a leer y ves que es un club con más de 20 Ligas. Iago me dijo que no lo dudase, que su hermano había jugado en Chipre y allí es el Real Madrid. Mientras tanto tuve otras ofertas: Valladolid, Mallorca, Panathinaikos. Pero era difícil ir a Grecia porque había una especie de corralito y lo descarté por eso porque me gustaba mucho. El Apoel ya estaba en previa de Champions y me seguía llamando. Así que nada, vamos para allá.

Y a Chipre que se fue.

Cuando me di cuenta ya estaba en el avión. Lo pasé fatal. Me costó más que cuando salí del Celta porque no sabía dónde iba. Luego, en el reconocimiento médico son muy estrictos y como vean algo que les haga dudar, lo paran. Llego a la mesa para firmar y me dicen que 1+1 cuando habíamos acordado 2. Yo ya no estaba seguro de ir, así que miré a mi representante y le dije: "Me voy". Y ellos veían que "hostia, este cabrón se levanta y se pira". Y me los firmaron.

De primeras no me quería ir al Apoel, pero luego no me quería volver; tiene una grandeza tremenda

Fue un principio intenso.

Sí, pero igual que de primeras no quería ir allí, luego no me quería volver. El club tiene una grandeza tremenda. Teníamos hotel privado frente al estadio, aviones privados en los partidos de Champions, paparazzis que te perseguían... Las mujeres de mis compañeros eran presentadoras, modelos, personas muy influyentes en el país. Yo veía eso y flipaba. Cuando me fui después de dos años, seguía viendo gente que trabajaba en el club que aún no había conocido. Me encantó. Dos Ligas, la Champions, la Europa League... muchas experiencias inolvidables.

Luego, mientras buscaba equipo, le dicen que su lesión de rodilla es incompatible con la élite. ¿Qué se siente al no poder elegir cuándo uno quiere retirarse?

Pasé de los dos mejores años profesionales y personales a los dos peores de mi vida. Sin término medio. Volví aquí, tenía propuestas, como una de Paco Herrera para el Aris de Salónica. Entrenando aquí tuve una caída y noté algo raro en la rodilla. Me hacen unas pruebas y el Doctor Cota me empieza a insinuar. "Robertito, cuidado, que te tengo que operar". Tenía rotos el ligamento, el menisco y estaba sin cartílago. Intenté forzar para el mercado de enero, pero con 34 años tenía que poner en la balanza poder jugar el día de mañana con tus hijos o dos o tres años más de fútbol. Creo que tomé la mejor decisión, aunque fuera muy a pesar y con el máximo dolor. A eso se unió la pandemia, que perdí familiares. Fue muy duro y difícil de gestionar. Estuve muy susceptible un año, pero mi mujer, que le encanta la psicología, jugó un papel fundamental. Y aquí estoy, más feliz que una perdiz.

En su burbuja, el futbolista normaliza jugar en el Bernabéu hoy y mañana contra el Barça, pero es el sueño de cualquier niño

Javier Maté me dijo una vez que da igual que tenga más de 60 años, el futbolista siempre se siente futbolista. ¿Aún se siente futbolista?

¡Buah! (se lo piensa) El estilo de vida cambia. Empecé con siete añitos en el Gran Peña y al año me fui a la cantera del Celta. Mi único pensamiento desde entonces era vivir por y para el fútbol. Y llegué a vivir de él. En una carrera como la de Messi o la de Cristiano, ganas más que pierdes. Pero para un jugador de mi nivel, que somos la inmensa mayoría, una carrera de 10 o 15 años casi siempre deja más situaciones de sufrimiento que de alegría. Respondiendo a la pregunta, no me siento futbolista porque ya no ejerzo. Pero sí que tengo el alma y el pensamiento de futbolista. Ahora también te digo: ya no lo echo de menos. Es una etapa cerrada y hay que saber abrir otras y disfrutar de lo que haces. Miro para atrás y siento mis momentos de nostalgia porque mi hijo no me vio jugar y cuando vamos a Balaídos, mi hija me pregunta por qué está el tío Iago y yo no. Eso te duele y te llega. Pero en mi interior fui feliz con mi carrera, soy feliz con lo que hago ahora y mañana ya veremos.

Poniendo todo esto en la balanza, ¿qué pesa más: lo que le ha dado el fútbol o lo que le ha quitado?

Vuelvo a la burbuja del futbolista. Normalizaba que hoy juego en Mestalla, mañana en el Bernabéu contra Cristiano, pasado viene el Barça con Messi. Era mi día a día. Pero, para. Esto es el sueño de cualquier niño. Siempre me hago la misma pregunta: ¿lo disfruté al 100%? Parece que le das importancia cuando no lo tienes. Creo que sí lo hice, pero si volviera atrás sabiendo en lo que dudo ahora, igual en tal punto lo habría disfrutado más. El fútbol se me acabó antes de tiempo y fue difícil, pero me quedo con todo lo que me ha dado.

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