Opinión

Democracia real

Opinión

Democracia real

Hace décadas que debiéramos haber aceptado que la democracia es el arte de la convivencia y la colaboración de diferentes tendencias políticas en beneficio del bien común. Pero no es así. La democracia moderna no parece otra cosa diferente a un malvado juego de tahúres, donde los más osados, quienes más vociferan o aquellos capaces de mentir con más desfachatez arrastran las monedas del tapete e, incluso, se llevan la gloria y el aplauso de los pacientes espectadores. La democracia española se ha convertido en un espectáculo donde desnudar las cebollas e intenciones de los jugadores es harto complicado. Las tramas de los partidos y de sus líderes ni tienen que ver con la lógica de las novelas tradicionales, ni con la ceguera de los romances, ni con las paradojas vitales. Incluso ni con la vida. Ni siendo ingeniosas, en nada se parecen a la picaresca, tan admirada en España.
Fíjense. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han logrado el abrazo de las izquierdas, han abierto la puerta a la estabilidad exigida desde todos los foros ideológicos y, en lugar de aplaudir o colaborar, el ruido de sables se escucha por doquier. Yo, que hubiera preferido un gobierno sin Iglesias, me congratulo de la jugada de Sánchez porque, quizás, el tenue retroceso de las izquierdas el 10-N va a suponer un punto de giro en el guion de esta desnortada política del multipartidismo. Si logran actuar con sensatez, lealtad y paciencia, alejados del escándalo mediático, puede que estemos inaugurando una nueva etapa política de equilibrios para la ciudadanía de todos los colores.
UP ha tomado conciencia de su estado descendente, de alguna manera ha alcanzado el cielo del poder gubernamental pero ya no es redentor de nada, va a entrar en el engranaje de la fábrica de realidades. El PSOE retorna a la filosofía de la casa común de la izquierda, del pacto y del pragmatismo. C’s después de perder la razón de ser, al situarse de muletilla del PP en las comunidades autónomas, camina por la senda de la desaparición y, no tardando mucho, se sumará a las filas de Casado (si este resiste después de no alcanzar sus objetivos por segunda vez). La tragedia, propiciada con la defunción del bipartidismo, la protagoniza la extrema derecha. El tahúr que maneja los naipes de VOX puede acabar adueñándose del tapete azul del juego, si en el PP perseveran en la confusión de desleal oposición y tácticas de aprendices de brujos.
A tenor de las declaraciones de algunos varones conservadores, el acuerdo ha sido para sus contradicciones un gran tropiezo. Si aspiraban a tener cautivo a Sánchez en minoría, se han quedado sin horizonte. Ahora van a encontrarse emparedados entre un Gobierno barajando soluciones y una extrema derecha vociferando con más fuerza y populismo que ellos. Las matemáticas van a igualarlos, con excesiva frecuencia, en el mismo tablero del NO en el Parlamento. Oscurecido C’s como socio de gobiernos municipales y autonómicos, el emparejamiento (por mucho que lo nieguen) con VOX va a estallarles un día sí otro también. 
Para no ser fagocitado por las barbas de Santiago Abascal, Casado tendrá que cambiar de baraja. No le bastará con volver a renovar la imagen, el logotipo o los muebles del despacho. La política de confrontación radical ejecutada desde su llegada a la cúpula del PP no le ha funcionado y VOX le ha ganado la partida. Quizás el cambio consista en volver a la vieja leal oposición. A practicar la democracia real por el bienestar de España.

Comentarios