Opinión

Asalto a las tres

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Asalto a las tres

El problema principal del fracaso del plan para tomar el Parlament catalán estuvo en la imposibilidad de contratar a José Luis López Vázquez, a Gracita Morales, a Rafaela Aparicio, a Cassen, a Alfredo Landa… de lo contrario Torra y los miembros del CDR implicados en el diseño de la acción no habrían errado. La gran experiencia del plantel de profesionales de “Atraco a las tres”, dirigidos por José María Forqué, no habría alcanzado mejor resultado reivindicativo, pero sí realizado una comedia de altura (a la española) y no una astracanada política (a la catalana) con explosivos incluidos.
Si en sus declaraciones los confabulados para asaltar el Parlamento de Cataluña han contado la verdad, y las investigaciones de la Guardia Civil y de la justicia son fidedignas, en ese sumario Santiago Segura tiene material abundante para que su Torrente deleite y entretenga al público amante de la ciencia-política-ficción. Y puestos a parodiar yo titularía la película algo así como “Torra, el brazo tonto de Cataluña”. Porque fíjense qué disparate. Detienen a una panda de aficionados a la subversión, autodenominados miembros de los CDR, y el presidente catalán no tarda un suspiro en respaldarlos y denominarlos (una vez más) presos políticos, víctimas de la represión del Estado. Ahí arrancaría la trama.
Enseguida haríamos un flashback para retrotraernos a la organización de la “toma y defensa” de la cámara, que tendría lugar el “día D” (terminología de campañas militares y electorales). La fecha debería coincidir con la publicación de la sentencia del “procés”. De inmediato el grupo se bautiza con términos contundentes: Equipo de Respuesta Táctica (ERT) –se desconoce si tienen logotipo-, y contactan con un presunto CNI catalán de donde emanaría el “capital abundante” para la acción, unos 6.000 euros (se admiten carcajadas). Aparecen las necesidades, pisos francos, antenas de larga distancia, comunicaciones seguras, bridas para inutilizar a los Mossos d’Esquadra, cáterin sin lujos… “Un operativo como Dios manda”, asevera el jefe más jefe.
Los cabecillas parecen ser cuatro: Jolís, Buigas, Ros y Codina, a quienes siguen otros tres más. Algunos están seguros de contar con el apoyo del Govern y con ayuda desde el interior del Parlamento para “entrar por la puerta principal sin hacer follón”. Y quizás sea cierto a tenor de las declaraciones del jefe Torra. Hay un ensayo secreto pero todo se viene abajo por culpa de los explosivos y la eficacia policial. Aparecen las fuerzas del orden y el guion concluye con una vista en el juzgado. Lástima que, con este festín, no le hayan dado la oportunidad a Abascal de entrar a caballo en el Parlament y derrotar a los independentistas al grito de “¡Santiago y cierra España!”. Habría sido un final heroico, propio del Cid campeador de Pérez Reverte.
El problema catalán se ha transmutado en un disparate de tal calibre que el sentido común lo tiene difícil para su resolución. Una situación que beneficia a las derechas ultramontanas, que propicia oportunismos de líderes insensatos y que preocupa profundamente a los demócratas prudentes. No sabemos qué sucederá el próximo domingo, qué gobierno de España emanará de las urnas, si el de la porra y tente tieso, o el de la inteligencia y la razón. Pero sí sabemos que el rompecabezas catalán no se resuelve con farsas de polichinela ni con cínicas mentiras, como estamos escuchando a todas horas. 

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