Adán y Ellas

Cuando el profesor de religión contó la historia de Adán y Eva, el niño quedó confuso. Aquella idea del primer hombre sujeto al capricho de una pécora mujer salida de su costilla, capaz de engañarlo con una vulgar manzana sin más motivo que las viles promesas de una serpiente, le costaba encajarlo con la bondad de su madre, la inteligencia de su abuela y el mimo de sus tías. Además, la admiración por el padre y la confianza en el abuelo tampoco daban patente de credibilidad al cuento bíblico. 
-Si solo son historias antiguas, ¿para qué nos las cuentan? -preguntó el chaval.
-Siéntate y escucha –le dijo su abuela-. La historia de Adán y Ellas es bastante más complicada y tendenciosa.
La anciana empezó diciendo que, como Dios no era muy hábil con el barro, al modelar al primer ser humano y darle el soplo de vida, le salieron dos cuerpos unidos por las espaldas. Así nacieron Adán y Eva. Al ver el desastre montó en cólera pero sintió pena y no los destruyó. Tomo nuevamente arcilla y fabricó otro cuerpo, el de una mujer hermosa e inteligente, a quien llamó Lilith, que en aquel tiempo quizás significara noche, por despertar durante el luscofusco o porque era de piel oscura.
Adán se enamoró de Lilith y pidió a Dios que lo separara de Eva. El creador accedió y aquel primer hombre trató de yacer con la amada, sin embargo ella se negó a postrarse debajo de su cuerpo y someterse a su fuerza.
-Si somos del mismo barro, seremos iguales en todo –sentenció Lilith-. Cuando lo aceptes yo decidiré si deseo procrear en una sociedad de seres desiguales.
Pero Adán se sentía el rey. ¡Era el único macho entre dos hembras! Y, aun amando a Lilith, se acomodó con la dócil Eva, quien despechada por los celos y engañada por la serpiente, pretendió enamorarlo usando la manzana y yaciendo bajo su poder. Los ángeles puestos por Dios al servicio del hombre expulsaron a Lilith del Paraíso y la declararon diosa del mal. Todo esto fue borrado de la historia.
Adán sufrió la ausencia sin arrepentirse de su soberbia y acabó despreciando a Eva por sumisa. Los machos que vinieron después, especialmente Caín y sus descendientes, tomaron a Adán por modelo y llegaron poderosos hasta estos tiempos de disparidad, escuchando una y otra vez esa lección de los primeros padres, ocultando la inteligencia reivindicativa de Lilith y sembrando discrepancia entre los sexos. Un negocio que le ha venido muy bien a media humanidad en detrimento de la otra mitad.
La anciana era mi abuela Amalia, a quien no le llegó el tiempo para ver cómo a finales del siglo XX las mujeres alcanzaban su libertad sexual, se empoderaban en el saber, se desprendían de la dependencia económica del Paraíso, levantaban templos a Lilith y en este nuevo milenio llenaban de igualdad las calles del mundo. Ya ni las Evas sumisas son mayoría, aunque las quijadas de Caín sigan batiendo contra ellas. 
Sin embargo los genuinos sucesores de Abel han emergido de la noche de los tiempos, por lo que este 8 de marzo mi abuela Amalia, madre de siete mujeres y un varón, no podrá salir a las calles a reivindicar cuánto falta para alcanzar la igualdad real. Yo, aquel niño, lo haré por ella.gora sí que xa estou convencido de que poden facer co.