Opinión

Es lo que ¡ay!

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Es lo que ¡ay!

Pocas veces ocurrirá que una modificación del Diccionario de la Lengua Española (DEL), llegue tan a tiempo. Justo al final de la campaña electoral y a escasos días de la cita con las urnas, la última actualización de la 23ª edición de la Real Academia Española, incluye “barrila” -precisamente esa que llevan dándonos todos los políticos- con la acepción de “molestar, aburrir, fastidiar con pretensiones reiteradas”.
No me digan que no es una afortunada coincidencia. Ni hecho a propósito. Viene que ni pintada para acompañar a “murga”, incorporada ya en el DEL y que se refiere a molestar con palabras o acciones que causan hastío por prolijas o impertinentes. Porque esta política mediocre, alejada del compromiso con los ciudadanos y de la Política en mayúsculas que implica servicio al interés general, está en manos de personajes que no dejan de darnos la murga y la barrila. 
Que nos molestan, nos aburren nos fastidian. Con pretensiones reiteradas y reiteradas, que no dudan en convocarnos a nuevas elecciones cada vez que las cosas vienen torcidas para los intereses de unos o de otros. Barrila total. Y que nos incordian con mítines, debates sordos e intervenciones huecas o malsonantes, causándonos hastío, hasta la extenuación, con manifestaciones que además son prolijas, impertinentes, bordes y desbordantes. Murga absoluta.
Y por si esto no fuera suficiente, encima tenemos que ir a votar por responsabilidad, para evitar males mayores y optar por el candidato que nos parezca menos “sieso”, otra nueva incorporación al diccionario que, dicho de una persona significa desagradable, antipática o desabrida. Si eso es lo que ¡ay!; no hay nivel Maribel.