Opinión

LAS RÉPLICAS DEL SISMO INMOBILIARIO

En 1906, la costa oeste de Estados Unidos sufrió un temblor que redujo a escombros y ceniza buena parte de la ciudad de San Francisco en lo que, de inmediato, se convirtió en el primer gran terremoto filmado y fotografiado en directo. Circunstancias, ambas, que ayudaron en la comprensión de este tipo de fenómenos, de los que apenas se conocía nada hasta entonces. Tan poco como si la existencia de fallas era el principal efecto de cualquier movimiento sísmico o la mayor de sus causas. El sismógrafo Harry Fielding Reid (1859-1944) y el geólogo Andrew Cowper Lawson (1861-1952) estudiaron lo sucedido y resolvieron parte de aquel misterio. Además de apuntar, con cierta sobriedad, que en un terremoto no mata el propio temblor, sino la deficiencia de lo construido. De ahí que, ante la imposibilidad de pronosticarlos, las medidas paliativas se dirijan, desde entonces, a prevenir sus posibles efectos.


En eso anda, precisamente, el ministro De Guindos. Si algo ha comprometido su tiempo desde que tomara posesión del cargo es el objetivo de limitar el daño que en la arquitectura financiera española puedan ocasionar las réplicas del terremoto inmobiliario, que ya se ha llevado por delante más de tres millones de empleos, el domicilio habitual de más de 300.000 familias y un buen número de entidades, especialmente cajas de ahorros, que se han visto obligadas a renunciar a su independencia y especificidades.


Apenas puesto en práctica el último capítulo de reforma del sector financiero, De Guindos propone ahora la segregación y esterilización del pesado lastre inmobiliario, a través de la constitución de sociedades y unidades especializadas dedicadas al saneamiento y la liquidación de los ya célebres activos tóxicos. Y no es para menos, a la vista de la falla patrimonial que se está abriendo en nuestra economía. El racionamiento del crédito ha reducido la deuda de empresas y familias españolas un 4,7 por ciento entre 2008 y 2011. En ese período la capitalización del ÍBEX-35 cayó un 6,8 por ciento, y en un 15,7 por ciento lo hizo el precio del metro cuadrado de la vivienda de nueva planta. A lo que convendría sumar el deterioro experimentado en el curso del presente ejercicio. Y el que resta por sufrir hasta que se estabilice el mercado. Por lo que no podemos descartar réplicas adicionales de un terremoto que sólo algunos consideran lejano.

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