Opinión

CHAMPIONS LEAGUE

Se confirman los peores presagios. Aunque con menor intensidad que la estimada por algún organismo internacional, entre los que destaca el FMI, el Banco de España acaba de certificar la recaída española en la recesión, al sumar el segundo trimestre consecutivo de crecimiento negativo. El dato se confirma apenas dos años después de abandonar el anterior período de decrecimiento, que se extendió, de manera ininterrumpida, durante los tres últimos trimestres de 2008 y los cuatro correspondientes a 2009. España suma así un nuevo ingrediente para descolgarse de la Champions League de la economía mundial en la que, con cierta pompa, nos había situado el hoy ex presidente del Gobierno a mediados de septiembre de 2007, en el curso de una rueda de prensa en la que, convocada por otro motivo, aprovechó para anunciar que el PIB per cápita español era ya equivalente al 104 por ciento de la media comunitaria. Lo que situaba la riqueza relativa de nuestro país por encima de la italiana (100 por ciento) y casi a la altura del dato francés (107 por ciento).


En aquel tiempo la nuestra era, en efecto, una economía boyante y próspera que había logrado encaramarse al octavo puesto del ranking mundial de PIB, medido en dólares; y trepar hasta el quinto lugar en lo que concierne a la Inversión Extranjera Directa emitida. Era, además, una economía de indudable atractivo para los demás, ya fuera para hacer negocios (décimo importador mundial) e invertir (séptimo mayor destino de la Inversión Extranjera Directa recibida) o, simplemente, para disfrutarla in situ (segundo mayor destino turístico y segundo mayor receptor de inmigrantes).


Desde entonces, Brasil, Canadá, Rusia e India, por este orden, han relegado a España hasta la duodécima posición del PIB mundial, que ahora amenaza también Australia. Lo que se suma a los preocupantes retrocesos experimentados en los rankings mundiales que indican como se cosecha la producción: igualdad laboral, competitividad e investigación, desarrollo e innovación, entre otros. La española fue, sin lugar a dudas, una economía bienvenida, que hoy está de moda repudiar. Y que, vista en perspectiva, terminará por eliminar en semifinales el impulso alemán.


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