Tiene narices

Tener una nariz especial quizá le permita ganarse la vida como modelo. Aunque también podría vivir de su nariz, si esta resultase grotesca o antiestética. Tal es el caso de la profesión “parfumeur”, (perfumista en francés), trabajo para el que parece solo sirven unas doscientas personas en el mundo y que consiste en combinar las distintas materias primas para crear las fragancias y aromas que luego usamos para perfumarnos. Se trata de una profesión que requiere de un olfato privilegiado; casi un don. A pesar de que al principio se le daba más importancia al perfume que a quien lo creó, pronto los perfumistas empezaron a ganar en notoriedad en la industria, llegando a hacerse muy famosos. Hoy se codean con lo más glamuroso del panorama social y ellos mismos son considerados “celebrities”.
Pues bien, el museo más visitado del mundo, en el país que presume de ser la capital mundial del perfume, ha impulsado una ingeniosa iniciativa. El museo parisino del Louvre ha invitado a ocho perfumistas a imaginar a qué huelen las esculturas y los cuadros que cuelgan de sus salas para convertirlos en esencias originales. Bajo la trascendental pregunta de “¿A qué huelen los cuadros?”, los profesionales de la nariz han concluido, por ejemplo, que el aroma de la “Venus de Milo” tiene esencias de mandarina, jazmín y ámbar o que “San José Carpintero” de De la Tour evoca una esencia de verbena, cedro y flores de naranjo.
Sinceramente, espero que tal iniciativa de marketing realizada junto con la prestigiosa marca de cosmética francesa “Buly” tenga la mayor aceptación posible porque, imaginativa, lo es un rato. Ya lo fue también, en su día, otra, que en colaboración con Airbnb ofrecía exclusivas noches hoteleras en compañía de “La Gioconda”. 
Pero, por otra parte, no puedo remediar la contrariedad que siento al contemplar, en el ejemplo citado y en otros tantos que a diario salpican los informativos, como nos ponemos la venda en los ojos ante los cruciales desafíos a los que Francia, Europa y Occidente ha de enfrentarse de manera inminente, para dedicar nuestra atención al hecho de que unas cuantas “celebrities” se dediquen a olisquear cuadros. Francia tiene por delante un problema gravísimo de fractura social entre jóvenes nacidos y educados en el país; entre 2014 y 2018 ha sufrido ocho ataques terroristas y se encuentra en constante estado de emergencia; uno de cada cuatro jóvenes franceses de menos de 25 años no encuentran empleo; su sistema social de pensiones se tambalea; la islamización del país es una evidencia que amenaza, a quien quiera verlo, a la civilización sobre la que se erigió la sustancia de la propia colección de arte que atesora el “Louvre”. El modelo de bienestar conquistado no va a ser  permanente, pero nos hace adormecernos en los laureles. Inquietante.