El dilema de VOX

Antes de la desaparición del bipartidismo en España, ya estábamos habituados a que determinados partidos cedieran sus votos a cambio de prebendas, ventajas fiscales y concesiones varias que disfrutaron, fundamentalmente, los partidos nacionalistas y, por extensión y supuestamente, los habitantes de los territorios que representaban. Así se han armado los gobiernos de España en los últimos cuarenta años; contento el que de esa forma alcanzaba el poder, contento el que lo propiciaba y contentos los votantes de ambos.
El caso es que ya no tenemos bipartidismo, creo que hasta dentro de un buen porrón de años. Este fenómeno, combinado con la ley electoral que sufrimos, no puede dar otros resultados que acuerdos anti natura y obliga a funcionar con unas reglas con las que no se puede jugar en la nueva política, haciendo que el país se torne en ingobernable, a no ser que el PSOE vea aceptable un pacto con pro etarras e independentistas, o el PP y C´s admitan el apoyo de VOX con concesiones.
El dilema que tiene VOX en este momento lo conocemos todos. Si no pactan, se les acusará de haber entregado el poder a la izquierda, batasunos e independientes. Si pactan sin condiciones para que la coalición PP-C´s gobierne, es decir, si propician que gobiernen en coalición sin recibir nada a cambio, sus votantes se preguntarán por qué rayos les votaron, que para ese viaje no hacían faltas esas alforjas, que para eso ya tenían las opciones populares o ciudadanas. 
Dicho esto, ¿qué decidirían ustedes si estuvieran en los zapatos de Abascal? ¿Dónde están realmente los intereses de VOX? Según su líder, y resulta lógico que así lo exprese, no parece que quieran defraudar a sus votantes. Es decir, optarán definitivamente a no dar el sí de forma incondicional, ya que el voto otorgado debería de ir unido, necesariamente, a que en los parlamentos y ayuntamientos suene la voz de aquellos españoles que les dieron la confianza; y que los partidos a los que se les entregue la llave de los parlamentos garanticen realmente gobiernos alternativos a la izquierda, haciendo desaparecer lo que denominan “el apartheid existente contra sus votantes”. Personalmente, le encuentro toda la lógica, como también se la encontraría si en vez de VOX estuviéramos hablando de cualquier otra fuerza política.