Causa/efecto

La desafección política, es decir, el desapego, el rechazo y la actitud negativa de los ciudadanos cuando éstos comparan lo que tienen y reciben con respecto a lo que deberían de tener y recibir de la representación política, es uno de los notables problemas que afectan a la democracia de nuestro país. 
Las causas de este fenómeno, que no es ajeno al resto de nuestro entorno, aunque en España se manifieste con mayor intensidad y persistencia, son diversas. Tal cuestión tiene, seguramente, explicaciones históricas y culturales aunque, sin duda, también ha contribuido el tipo de política que se ha hecho en España. Es evidente que las instituciones políticas han sido poco transparentes, cerradas, endogámicas, con estrategias cortoplacistas y protagonistas profesionales de la parcialidad y sobresalientes en la mediocridad; los hemos visto pactar con la contradicción más absoluta y corromperse de la manera más desvergonzada, … Las palabras que Ian Rand escribió en 1950 pueden hoy abundar, muy acertadamente, en las causas de esta realidad: "(…); cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada." La causa.
Sin embargo, todas estas circunstancias no tienen por qué provocar necesariamente el desinterés por la política, sino que más bien originan el efecto contrario. Se produce desafección, pero no necesariamente pérdida del interés por la política; y ello, en un doble sentido. Por un lado, se provoca el despertar de las conciencias críticas e insurrectas, antes inermes, y por otro, la búsqueda y la seducción por nuevas ideas, referencias y opciones, que harán del populismo su mayor foco de atracción, tal como vemos con VOX y PODEMOS. El efecto.
La representación política puede frustrarnos aunque, que en última instancia, siempre nos quedará la democracia, la Ley. Pero, ¿cómo no va a haber la mayor de las desafecciones, incluso por ser español, si lo esencial que debiéramos esperar del Estado (hacer cumplir la Ley), no funciona para todos igual?  ¿Cómo se puede permitir que algunos se burlen y regodeen cada día de la debilidad del Estado mientras se les da un ultimátum, preultimátun y antepreultimátum para que retiren una simbología ilegal de los edificios institucionales? ¿Es este el Estado que ha de defendernos? Hay quien no quiere aceptar las consecuencias de sus actos y omisiones, aunque bien sepa por qué los haya cometido.