Opinión

¡A las aulas!

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¡A las aulas!

Muchos expertos auguran un invierno sin gripe. Entiéndanme bien, un invierno en el que la incidencia del virus gripal sea mínima, estadísticamente inapreciable. ¿Por qué? Pues porque, sencillamente, las medidas de distanciamiento social con las que tratamos de combatir el COVID, impedirán también el contagio de la gripe, cuyos gérmenes aun se contagian con mucha mayor dificultad que el virus pandémico. ¿Esto quiere decir que nadie contraerá la gripe en la próxima campaña que empezará en unas pocas semanas? De ninguna manera, ya que el riesgo cero no existe.

Efectivamente, la seguridad del riesgo cero es una quimera; para la gripe, para el COVID e, incluso, para la estupidez. ¿Es lícito que algunos padres sean reticentes ahora a la apertura de las aulas con el pretexto de que de otra manera pondrían en peligro la vida de sus hijos? A mí me da la sensación de que cuando se trata de interrumpir o sacrificar horas lectivas, de trabajo y de esfuerzo todo son facilidades, mientras que cuando por algún supuesto se plantea aumentar las horas de formación o privarse de algún día de vacaciones, todo son impedimentos y excusas. Resulta que, ahora, el ir a clase va a suponer exponer a los niños a un peligro de contagio cierto. No lo era sin embargo antes, en vacaciones, cuando los mismos niños iban a la piscina, al parque o jugaban unos encima de los otros.

La educación no es una opción, el trabajo no es una fantasía ni el esfuerzo una anomalía, aunque para muchos parece serlo. Las aulas deberían ser los espacios donde los niños estuvieran más seguros, no solamente porque la formación les hará mejores personas, sino porque tienen que tomar medidas anti contagio efectivas. Punto. Lo demás son pretextos de quienes creen que los niños deben ser eternamente protegidos para que sean adultos eternamente dependientes.

La vida continúa. Es un río que aun inundándose de vez en cuando ha de seguir su destino. Se deben exigir las máximas garantías de seguridad pero también el inicio escolar con la máxima normalidad formativa en todos los centros, además de recuperar el medio curso perdido, por supuesto. Y hay que olvidarse de las garantías de seguridad absoluta. No las va a haber. Habrá contagios y habrá que tomar medidas, pero siempre con el principio de que la formación no se detenga. Las familias también tienen que organizar sus vidas y no pueden asumir la desescolarización de sus hijos. Pero en fin, hay papás que continúan apoyando iniciativas que van precisamente en contra de los intereses de los propios niños, privándolos de la escuela a las primeras de cambio.