La gata

Habrá quien lo comprenda, incuso quien lo apruebe y lo vea bien. En las sociedades occidentales en las que las mascotas son humanizadas hasta un extremo ridículo y son utilizadas como sustitutivo de otras relaciones más humanas, los gatos y perros pueden llegar a ser herederos de grandes fortunas. No hay que tener lástima de esos animales, ya de por sí bien cuidados y mantenidos sino de quienes son capaces de realizar tamaña majadería. Puede ocurrir que el modisto recién fallecido Karl Lagerfeld le haya dejado nada menos que 170 millones de euros a su gata Choupette, famosa modelo que también cobraba un caché suficiente para pagar sus gastos gatunos. No se puede pedir que un genio de la moda dedicado a vestir a mujeres y hombres bastante pudientes sea generoso con los meno favorecidos o un filántropo. Solo se le puede pedir que no haya sido absurdo. Lagerfeld ya no se puede defender pero algún albacea debe haber dejado para evitar que su último recuerdo sobre la tierra haya sido una boutade. Cruel tal y como está el mundo.