Opinión

La figura de Paradores

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La figura de Paradores

El verano viene acompañado de gracias y entre ellas está la de viajar. En un país como el nuestro donde una parte muy importante de la población cumple los años metida en la jubilación es de justicia recordar que es la que rebusca con más intensidad la  Marca España. Para estos hombres y mujeres el desplazamiento del año suele darse por estas fechas y dentro de nuestras fronteras. En esa iniciativa de cambiar de aires, pero seguir sintiendo el territorio,  encontramos la alternativa de Paradores Nacionales, el garante de identidad  nacional allí donde estén y  realidad que ayuda a ejemplarizar la vertebración del país.
En estos tiempos que se habla de Turismo como ejemplo de progreso es aconsejable recordar de dónde venimos para poner en valor la aventura experta de tener a España entre los tres países más visitados del mundo. Playas, buen clima, patrimonio artístico, gastronomía variada y patrimonio cultural, dejado por las varias civilizaciones que pisaron la península, son imán para extranjeros y nacionales. Europa nos prefiere, sobre todo alemanes, franceses e ingleses. Son más del ochenta por ciento de los turistas los que provienen de viejo continente, el siete por ciento nos llega de América y el resto del mundo nos va conociendo a pasos acelerados. Contamos con el mayor número de lugares de todo el planeta declarados Patrimonio de la Humanidad y somos el estado con más ciudades que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad. Es decir, respiramos turismo y el reino sigue haciendo músculo  en esta industria.
Los Paradores Nacionales representan el ayer y el hoy con la gestión de noventa y siete hoteles distribuidos por toda la geografía española. 
Manuel Fraga, hoy evitado en las citas políticas y desterrado en cualquier tipo de referencia, habita en Paradores porque muchos son los que tienen placa recordando la inauguración siendo él Ministro de Información y Turismo, desde donde desarrolló y promocionó estos hoteles nacionales e impulsó el crecimiento turístico del país. Hoy esta empresa pública sigue eficaz y competitiva con cuatro mil empleados e inaugurando nuevas sedes. En Galicia el próximo año tendremos el Parador de Muxía, en la Costa da Morte, mirando al mar desde el monte Lourido.  Una promesa de Aznar tras el Prestige que está llegando, aunque  la política pone en el aire quién lo inaugurará. 
Paradores tiene aroma de la España en blanco y negro del Nodo, la gaseosa, los conguitos o el Nesquik;  todo se colaba desde una televisión única que insistía en "Mantenga limpia España", refiriéndose a las calles y lejos de los muchos detergentes anunciados y los primeros lavavajillas. El coñac Soberano era cosa de hombres y el sol y la playa se publicitaba con mujeres. A esa etapa de masiva emigración corresponden los paradores como ejemplo del desarrollo económico que trajo la sociedad de consumo.  Tipismo, interés cultural, servicio de calidad, instalaciones paralelas al arte, estilo o tradiciones típicas de la región. Desde castillos a pazos, conventos, palacios o edificios singulares. Y la figura de Fraga es alargada igual que el anonimato como fundador del partido conservador español.

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