Opinión

El zorro y las gallinas

Hace ahora 12 años, en Shanghai, sobre una zona vacía y pantanosa, conocida como Pudong, situada justo frente al centro clásico de la ciudad, al otro lado del rio, se tomaba la decisión de urbanizarla para pasar a convertirse en el nuevo centro neurálgico de la extraordinaria metrópoli china. Hoy es el emblema de la ciudad y su centro financiero, donde entre otros edificios construidos con las mas modernas técnicas, se ubican tres de los mayores rascacielos del mundo.

En esas mismas fechas, en Vigo, tras varios años de reclamaciones al efecto, algunos conseguíamos que la Corporación de entonces (BNG), a regañadientes, iniciase la reforma del PGOM. Tras unos diez años de tramitación y dos de “puesta en marcha”, ni una sola licencia de vivienda colectiva se ha otorgado en la ciudad.

Hace ahora 40 años, entraba yo a formar parte del cuerpo técnico del ayuntamiento de Vigo como aparejador municipal, en la oficina de edificación. Eramos 8 personas (5 técnicos y tres administrativos) y entre todos los empleados municipales adscritos al sector de urbanismo no llegábamos a los 20 funcionarios. Despachábamos, entre otros muchos expedientes, licencias para mas de 3.000 viviendas colectivas/año en la ciudad, con un tiempo medio de tramitación que no llegaba a los tres meses y la conciencia de que nuestra diligencia era en bien de Vigo.

Hoy, pasados 40 años, solo se despachan licencias para viviendas unifamiliares, al tiempo que cualquier expediente puede tardar mas de un año de media en solucionarse, y todo ello habiendo multiplicado por cerca de 10 el número de empleados adscritos al sector de urbanismo, quienes da la sensación que su cometido consiste en que no llegues a conseguir nunca la licencia pretendida.

En estas lamentables condiciones, recientemente se ha contratado a 50 nuevos empleados adscritos al sector. La noticia ha trascendido pero NADIE ha pedido explicaciones, ni sabemos a que se dedican y cual era, con la que está cayendo, la urgente necesidad de contratarlos. Desgraciadamente, en el ayuntamiento de Vigo, este tipo de decisiones siempre las toma el mismo partido, medidas calcadas a su proceder en Andalucia, pero que aquí nadie denuncia.

El Plan General de Vigo (un capricho del mayor enemigo de la ciudad) es un fracaso que algunos anunciamos ya antes de su aprobación reiteradamente, pero la necesidad de una reforma en profundidad en la organización interna de nuestro Ayuntamiento, algo fundamental, es un clamor que no resiste mayores demoras.

El problema es que poner a esta Corporación a ello, es como encargar al zorro el cuidado de las gallinas.

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