Opinión

El sufragio universal y el I+D+i

Generalmente, cuando hablamos de democracia, en general, nos referimos, la mayor parte de las veces, al sufragio universal, es decir, al derecho al voto de toda la población adulta de un Estado.

Siempre se ha dicho que la democracia nació hace mas de 2.500 años en la Grecia clásica, aunque aquella democracia poco se pareciera a la que hoy conocemos, de corte mucho mas reciente y en la que el sufragio universal, en muy pocos países, tiene mas de 100 años cumplidos. En España tiene lugar por primera vez con la segunda república, en las elecciones de 1933, con la victoria de la Confederación Española de Derechas Autónomas de Gil Robles, mientras en nuestra vecina Portugal no tiene lugar hasta 1976.

El camino hacia el concepto de universal en el sufragio, ha sido largo, pero en él podemos referirnos, sobre todo, a cuatro pasos significativos: sufragio censitario o capacitario, limitado solo a los hombres con cierto nivel de instrucción, renta y clase social. De ahí se pasó al sufragio masculino calificado, limitado a hombres que supieran leer y escribir, pasando seguidamente al sufragio universal masculino, para todos los hombres. Finalmente se instauró en la mayor parte de los países civilizados el sufragio universal, incorporando a las mujeres al derecho de voto.

Evidentemente todos estos pasos están acompañados de múltiples razones históricas en uno u otro sentido. En la España anterior a 1933, por un lado la mujer no disponía de protagonismo activo alguno en la sociedad que habría de tomar decisiones, limitándose su poder al ámbito del hogar, por otra parte el porcentaje de analfabetismo era muy alto y con ello la capacidad de ejercer una demagogia significativa, muy elevada. En otro sentido, limitando la capacidad de voto a hombres de cierta renta y clase social, se garantizaba una ausencia de “revolución” que pudiera invertir el estado de cosas en el que la sociedad dominante campaba a sus anchas.

Instaurados hoy en nuestro sufragio universal recuperado con nuestra Constitución, y tras suficientes años de rodaje con resultados, al menos discutibles, entiendo que cumple dar un paso mas. En el tiempo del I+D+i, aplicable a todo lo mejorable, no podemos seguir anclados en aquello de que nuestro sistema se trata del “menos malo”, algo que hay que convertir en el mejor, el mas perfeccionado, el idóneo en nuestro siglo XXI, para que todos podamos votar de forma mucho mas consciente, informada, donde no quepa la demagogia, con mayor libertad de elección, sin listas cerradas, ni blindadas, sin el absoluto mangoneo permanente de los partidos, de forma mucho mas directa.

Hoy cualquier persona que quiera ejercer su derecho al voto, con solo entrar en red puede obtener toda la información de la que quiera disponer. Las redes sociales están haciendo tambalearse a los partidos, su capacidad de convocatoria se está demostrando muy superior, el debate es inmensamente mas rico, sincero, directo y al momento que el hipotético que pueda tener lugar en la sede de un partido en los que sus lideres son incapaces de sostener la menor crítica y menos una acometida de múltiples mensajes a través de distintos puntos de vista en la red.

Si en los partidos las listas fuesen abiertas a cualquier militante que quisiera presentarse y pudiera colgar su perfil, su programa y su estrategia para conseguir sus objetivos, a parte de que los partidos dejarían de estar mangoneados por oligarquías absolutamente mafiosas en su organización, estos mismos partidos, en lugar de tener un 1% de militantes como tienen hoy entre los españoles, serían órganos fuertes de participación y otorgarían al votante una libertad hoy desconocida, una capacidad de decisión que residiría de forma efectiva en el pueblo, un nivel de conciencia del voto mucho mas elevado, así como una libertad en el cargo electo hoy inexistente, al saber que solo depende del votante y para ello de su labor efectiva para la que hubieran sido elegidos. Estamos en el siglo XXI y debemos utilizar armas sociales propias de nuestro tiempo para mejorar nuestra democracia y sobre todo sus resultados, algo, no obstante, que cuenta con poderosos enemigos para su consecución: los propios partidos políticos que dicen representarnos.

Ya decía Platón que si para curar a tu hijo buscas al mejor médico (no al menos malo), ¿por qué si se trata de la Patria no haces lo mismo? Sinceramente, no soporto al político interesado, que en defensa de la democracia argumenta la canallada, como algo inevitable, de que hemos de contar con el menos malo de los sistemas…. I+D+i, imbécil.

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