Opinión

El IBI y la hipocresía

Cuando se trata de temas socialmente sensibles, en España somos muy dados a encasillar o etiquetar a quien expresa su parecer, al objeto de estar prestos a la descalificación por prejuicio. Vaya pues por delante que quien suscribe es agnóstico, aborrece las creencias, confía bastante poco en la derecha, harto de su vergüenza y sus medias tintas, y absolutamente nada en la izquierda, harto también de sus odios, sus resentimientos viscerales y cansado de su demagogia e ineptitud.

Dicho esto y por tanto de difícil encasillamiento al uso, creo de justicia romper una lanza a favor de la Iglesia actual más comprometida con la sociedad y en contra de esa izquierda rancia, rompecuras, hipócrita, demagógica y trincona, que tras habernos llevado a la ruina, ahora se atreve a dar soluciones de lo más peregrino.

El IBI en España, un impuesto que en principio solo estaba exento para unos pocos y en función del interés nacional, ha visto a lo largo de los años como se beneficiaban de su exención toda una serie de instituciones y entidades cuya única virtud consistía en ser del interés partidario de nuestros teóricos representantes políticos. Sin aburrir con la extensa lista de privilegiados, solo constatar que entre ellos están los partidos políticos y los sindicatos, amén de otros que de no estar exentos podrían crear problemas, como votantes, a nuestra oligárquica y caciquil partitocracia.

Entre los exentos están también las confesiones religiosas, no solo la Iglesia católica, quien tiene en vigor un concordato con el Estado en el que sopesar una especie de “toma y daca”, donde ya se contempla un interés general a la hora de llegar a acuerdos. Concretamente la Iglesia católica contribuye en gran manera, sin hacer distinciones, a paliar los costes nacionales en materia de asistencia social, sanitaria, docente, etc., contribuyendo enormemente a impulsar nuestro reclamo turístico (que sería de Santiago y de tantos otros lugares sin sus catedrales, monasterios, etc.) y con ello al enriquecimiento del pais y de millones de familias que viven de ese turismo, generando con ello gran multitud de puestos de trabajo. Por si ello fuera poco, hoy en día suplen a nuestro “Estado del bienestar” dando de comer diariamente a miles de personas de forma totalmente altruista, al tiempo que atienden a enfermos que no quiere nuestra seguridad social o a ancianos de los que nadie se hace cargo.

De todo lo expuesto, ¿qué hace el PSOE, quien curiosamente nada dice de los musulmanes (estos si que no contribuyen a nada), y los sindicatos?. Solo se puede llegar a tanta cara dura a través de un odio visceral, de una miopía aplastante y de una hipocresía sin límites, es decir desde nuestra izquierda en estado puro, quien no solo no paga IBI, sino que cobra de todos los contribuyentes ingentes cantidades de dinero para liberar vagos al servicio de si mismos, sin que a ninguno se le ocurra siquiera destinar una pequeña parte de sus saqueos al presupuesto nacional, para paliar el hambre de ese pueblo que sufre y al que tan prestos están en engañar, para arrancarles, a través de la permanente mentira, el voto necio que tanto idolatran y cultivan y que les permite seguir chupando del bote.

No solo ni un duro más en España para partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales, donde cada palo debería aguantar su vela, sino luz y taquígrafos, auditorías periódicas y responsabilidades penales para quienes chuleen el dinero de nuestros impuestos, altos cargos de nuestras cajas de ahorros incluidos.

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