Opinión

Dívar, la moral y la ética

En nuestra pintoresca teórica democracia, el poder que debería cuidarse del buen funcionamiento de nuestro sistema como un Estado de Derecho, carece absolutamente de independencia al encontrarse sometido absolutamente a otro poder, quien nombra a sus representantes, les otorga un cutre presupuesto, en buena parte de los casos les dice por donde han de caminar y para remate sostiene un Ministerio de Justicia. El presidente del Poder que consiente tamaño atropello a la calidad de la democracia que se nos debe a los españoles (todos lo han hecho), con el resultado de una Justicia empobrecida por su falta de medios y su desesperante burocracia, se llama Carlos Divar, un personaje salvado de las garras de ETA en su día, según sus propias manifestaciones, por la virgen de Fátima (¿porqué lleva entonces 8 escoltas?), alguien quien según el periodista José María Calleja y al parecer de dominio público, iba cada dos meses a Marbella a cenar y reunirse con su “amigo”, a costa del erario público.

Si todo ello es grave, lo que da miedo, es que tal personaje, la cuarta autoridad española y juzgador de altos asuntos, confunda la moral con la ética, se olvide que es un funcionario publico y que por ello ha de dar explicaciones a los ciudadanos regularmente, justificar hasta el último euro, y que su cargo está por encima de su persona.

En la única rueda de prensa que al parecer ha dado desde que ocupa su alto cargo (las ruedas de prensa son para dar información al ciudadano que le paga su nómina), trata de justificar su conducta alegando a la “necesidad de conciliar su actividad pública con su presencia en la provincia donde nació” (¿), apunta que “tengo la conciencia absolutamente tranquila. No cometí ninguna irregularidad jurídica, ni moral, ni política”.

¿Dónde queda la ética?. Veamos: Decía Camilo José Cela cuando le acusaron de estar dormido, que lo que estaba era durmiendo, algo muy distinto, ya que no era lo mismo estar jodido que estar jodiendo. Con la moral y la ética pasa algo parecido. La moral entra dentro del ámbito de lo privado, de lo subjetivo, de una calidad personal interna, donde generalmente se inmiscuye con regularidad el fenómeno religioso, aunque para nada es condición excluyente hacia el mundo laico. La ética es eminentemente pública, objetiva, exigible, ajena al pretendido mundo sobrenatural de las religiones, una condición que para quien ostenta un cargo público ha de ser determinante y para quien ocupa el cargo del Sr. Divar, la primera condición.

No es su conducta o condición moral la que la sociedad ha de exigirle. Usted puede ser homosexual de misa diaria que nadie debe pedirle explicaciones por ello, aunque no concuerde demasiado con una religión que siglos atrás los quemaba en la hoguera y que aun hoy en día algunos de sus obispos mantienen que tal “lacra” se cura. Es ética lo que le exigimos. Los funcionarios, con dinero público, se desplazan justificando para qué, con quien y en que despacho (ni en restaurantes, ni en gasolineras). Mis impuestos no tienen como destino pagarle la cena a nadie. Por otra parte, si usted necesita desplazarse por razones de su cargo, habiendo miles de pueblos y ciudades en toda España, entre ellas Vigo, con un problema de narices y, ¿todos sus desplazamientos han de ser siempre a Marbella?.

Usted asegura que no ha cometido ninguna irregularidad jurídica, ni moral, ni política, lo cual es absolutamente discutible, pero lo que está meridianamente claro, y por eso debe usted dimitir, sin lugar a dudas, es su falta de ética, esa virtud que usted no parece ni tener en cuenta a la hora de pretender justificarse y que es la que más debemos exigirle quienes le pagamos su nómina.

Lo que ya resulta penoso es lo del presidente de la comisión de justicia del PP en el congreso de los diputados: “por el bien de todo el conjunto de la administración de justicia debemos dar por cerrado este incidente”. Todo lo contrario, la urgencia es encontrar a alguien que tenga claro el concepto de la ética en su misión, la practique, no se someta a otros poderes, y recupere para los españoles la independencia del Poder Judicial, precisamente por el bien de la Justicia y el respeto que se merece.

Estamos en manos de lo mas servil y mediocre de la sociedad.

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